Hay tendencias que nacen en las pasarelas y otras que se imponen solas, a golpe de calor. Esta pertenece al segundo grupo. Cada verano, miles de aficionados españoles a la relojería se enfrentan al mismo dilema: el reloj que luce armis de acero o correa de piel el resto del año se convierte, entre junio y septiembre, en un pequeño suplicio. Pesa, quema al sol y la piel no perdona ni el sudor ni la crema solar. La solución que se ha impuesto en los últimos años no pasa por dejar el reloj en casa, sino por algo mucho más sencillo: cambiarle la correa.

Por qué el caucho, y por qué ahora

El caucho hace tiempo que dejó de ser un material «deportivo» para convertirse en una declaración de estilo. Las propias manufacturas han marcado el camino: Rolex monta de serie su Oysterflex en buena parte de sus deportivos y Cartier ha llevado el caucho hasta colecciones tan reconocibles como el Santos. No es casualidad que muchas de las novedades presentadas este año llegaran ya calzadas en este material.

La explicación práctica es aún más contundente que la estética. El caucho resiste el agua del mar y de la piscina, no absorbe el sudor, se limpia con agua y jabón y apenas pesa en la muñeca. Para quien pasa el verano entre la playa, la terraza y algún que otro chapuzón, la diferencia se nota desde el primer día.

No todos los cauchos son iguales

Ahora bien, conviene no confundir el caucho de verdad con la silicona barata que amarillea, atrae pelusas y acaba oliendo a goma al segundo uso. Las correas de calidad se fabrican en caucho FKM, un compuesto de alta gama que aguanta los rayos UV, el cloro y el salitre sin degradarse ni perder el color con los años.

Algunas firmas especializadas se han hecho fuertes en este terreno. Es el caso de las correas de reloj premium de Helvetus, que ya suman más de 45.000 clientes en todo el mundo: se diseñan a medida de cada modelo concreto, con terminaciones curvadas que abrazan la caja como si salieran de fábrica y compatibilidad total con el cierre original. La marca las respalda, además, con garantía de por vida, algo poco habitual en el sector.

La correa de caucho conquista el reloj de lujo: el cambio que triunfa este verano entre los dueños de Rolex y Cartier - Gastronomía y Moda

Rolex, el gran protagonista del cambio

Si hay una casa donde este gesto se ha convertido casi en ritual, es Rolex. Un Submariner, un GMT-Master II o un Daytona ganan un aire completamente distinto con una correa de caucho negra, verde o azul marino. Y de paso, el armis Oyster original se queda a salvo en el cajón, impecable de cara a una futura venta. No es un detalle menor: en el mercado de segunda mano, un brazalete sin estirones ni arañazos se paga, y bien.

Quien busque correas de caucho para Rolex encontrará hoy opciones específicas para prácticamente todas las referencias, del Datejust al Yacht-Master, con colores pensados precisamente para los meses de calor.

Cartier también se apunta

El fenómeno no se queda en los relojes deportivos. Cartier vive un momento dulce —sus Santos y Tank figuran entre las piezas más buscadas del año— y sus propietarios han descubierto que una correa de caucho gris o azul convierte un reloj de vestir en el compañero perfecto para unas vacaciones en la costa. Las correas para relojes Cartier de nueva generación respetan además el sistema de cambio rápido de la casa, de modo que alternar entre la piel del invierno y el caucho del verano lleva menos de un minuto y no exige pasar por el relojero.

La correa de caucho conquista el reloj de lujo: el cambio que triunfa este verano entre los dueños de Rolex y Cartier - Gastronomía y Moda

Un gesto pequeño para un reloj que parece nuevo

Lo mejor de esta tendencia es la proporción entre coste y efecto. Frente a lo que supondría comprar un segundo reloj para el verano, una correa de caucho de primer nivel cuesta una fracción mínima y transforma por completo la pieza que ya se tiene. El reloj de siempre, de repente, pega con el polo del chiringuito, aguanta el baño de las ocho de la tarde y vuelve en septiembre sin una sola marca de la batalla. Pocas decisiones de estilo dan tanto por tan poco.

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