Mucho antes de que Aitana apareciera sobre el escenario, se sentía su presencia en la Plaza de España. Estaba en los carteles escritos a mano. En las camisetas. En las conversaciones de quienes llevaban horas esperando bajo el calor de junio. En los grupos de amigas que habían convertido la cita en un plan marcado desde hacía meses.
Sevilla inauguró Icónica Santalucía Fest con la primera de las dos noches consecutivas de una artista capaz de llenar un recinto mucho antes de que suene la primera canción. Y, por lo visto anoche, Sevilla también ha conseguido enamorar a la superestrella.
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La historia que contaba el público
Mientras los focos seguían apagados, el concierto ya había comenzado.
Bastaba mirar alrededor.
Había carteles de todos los tamaños. Algunos estaban cuidadosamente decorados con fotografías, letras de canciones y mensajes personales. Otros parecían improvisados a última hora. Muchos hablaban de agradecimiento. Otros de momentos difíciles atravesados con una canción de fondo. Algunos simplemente buscaban una mirada desde el escenario.
Me llamó la atención que casi todos contaban algo más que admiración.
Contaban historias. La del chico que venía de Barcelona, la de la niña que arrastraba a sus padres, la de las adolescentes cubiertas de purpurina.
Muchas de las personas que llenaban la Plaza de España habían venido a reencontrarse con recuerdos asociados a determinadas canciones. Con amistades construidas alrededor de una canción Con etapas concretas de sus vidas.
Y en ese momento aparición el Team Curro… si, la noche prometía.

Una nueva etapa sobre el escenario
La Plaza de España se apagó para que solo se escuchase las primeras notas de 6 de febrero, Segundo intento y Dumddt, tres canciones que marcaron el tono de un concierto construido alrededor de Cuarto Azul, el trabajo más personal de su carrera. Letras cantadas entre gritos y llantos.
El azul aparecía en las pantallas, en la iluminación y en buena parte de la identidad visual del concierto.
Pero la transformación más evidente no estaba en la escenografía.
Estaba en la propia artista.
La Aitana que anoche ocupó la Plaza de España se parece poco a aquella joven que apareció en televisión hace ya casi una década. La producción ha crecido. La puesta en escena se ha vuelto más ambiciosa. La seguridad sobre las tablas resulta evidente.
Al mismo tiempo, las canciones han ganado en exposición emocional.
Hablan de pérdidas, de inseguridades, de rupturas y de procesos personales con una honestidad poco habitual en el pop de gran consumo.
Y quizá ahí reside parte de la conexión que mantiene con su público.

Un título que ya no parece ficción
Hubo muchos momentos de euforia durante la noche. Y lo supimos cuando la propia Aitana dejó claro que a iba a cantar canciones de todos sus álbumes porque son las que la han llevado a este momento que vive.
Mon Amour, Miamor, Las Babys, Tranquis o Formentera provocaron algunos de los estallidos más intensos del concierto.
Pero si hubo un momento capaz de resumir dónde se encuentra hoy la artista fue la interpretación de Superestrella.
La reacción del público fue inmediata.
Miles de personas cantando cada palabra, prácticamente sin dejar espacio para la propia cantante.
Durante unos minutos resultó difícil distinguir dónde terminaba el escenario y dónde comenzaba el público.
Escuchar aquella palabra repetida una y otra vez en la Plaza de España tenía una lectura inevitable. Aitana llegaba a Sevilla como la única artista de esta edición de Icónica capaz de agotar dos noches consecutivas en el mismo recinto.
Mientras sonaba Superestrella, el título parecía estar describiendo exactamente lo que estaba ocurriendo delante de nuestros ojos.

Una superestrella muy cercana
La conexión con Sevilla apareció varias veces a lo largo de la noche.
Aitana se mostró cercana, relajada y consciente del lugar en el que estaba actuando. Habló de la ciudad con cariño, recordó sus raíces andaluzas (su padre es de Jaén) y encontró una respuesta inmediata en una Plaza de España completamente entregada.
También hubo momentos más íntimos.
La interpretación de Música en el cielo, dedicada a su abuelo, rebajó durante unos minutos la intensidad del espectáculo y dejó paso a una atmósfera mucho más contenida.
Después llegó uno de esos episodios que no suelen aparecer en los repertorios previstos. Tras leer uno de los carteles levantados entre el público, interpretó a capela fragmentos de Con la miel en los labios, provocando una de las respuestas más espontáneas de toda la noche.
Pasó buena parte del concierto pendiente de lo que ocurría al otro lado de las vallas. Leyó pancartas, respondió a gestos del público y convirtió varios momentos de la actuación en una conversación improvisada con quienes llevaban horas esperándola.
Son detalles pequeños, pero ayudan a explicar por qué la conexión con sus seguidores sigue siendo uno de los pilares de su carrera.
Y viendo el cariño con el que habló de Sevilla y la promesa que dejó antes de despedirse, da la impresión de que la ciudad ha dejado una huella más profunda de lo que dura una simple parada de gira.

El comienzo de otro verano musical en Sevilla
La actuación de Aitana también sirvió para inaugurar una nueva edición de Icónica Santalucía Sevilla Fest.
Durante las próximas semanas, por el mismo escenario pasarán artistas tan distintos como Robbie Williams, Lenny Kravitz, Maroon 5, Juan Luis Guerra, Sting, Jamiroquai, Moby o The Prodigy, además de nombres fundamentales del panorama nacional como Viva Suecia, Lola Índigo o Pablo Alborán.
Pocos espacios reúnen durante un mismo verano una programación tan diversa, ambiciosa y multigeneracional.
La fotografía de anoche ayuda a entender en qué se ha convertido el festival: una de las grandes citas musicales del verano europeo y una de las imágenes más reconocibles de la agenda cultural sevillana.

Algo más difícil de medir
Al terminar el concierto seguían viéndose carteles por encima de la multitud.
Algunos estaban doblados después de horas de disfrute. Otros continuaban levantados buscando una última fotografía. Muchos terminarían guardados como recuerdo de una noche especial.
Me fijé en ellos mientras la gente abandonaba lentamente la Plaza de España.
Contaban una historia distinta a la del escenario.
Hablaban de amistades. De viajes organizados para llegar hasta Sevilla. De canciones asociadas a momentos concretos. De personas que han incorporado determinadas letras a su propia biografía.
Esa relación estaba presente durante todo el concierto.
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También ayuda a explicar por qué Aitana se ha convertido en la única artista de esta edición de Icónica capaz de llenar dos noches consecutivas en la Plaza de España.
Esta noche, 5 de junio, volverá a subir al escenario para despedirse de Sevilla. O al menos para despedirse por ahora.
Porque entre canción y canción dejó una promesa que el público celebró especialmente: venir a la Feria, vestida de flamenca, para bailar sevillanas y disfrutar de la ciudad. No para la foto.
Viendo lo ocurrido anoche, Sevilla parece más que dispuesta a reservarle una silla en su corazón.

Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com
Sección Cultura · Gastronomía y Moda


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