Cuando los galeones cruzaban el Pacífico entre Manila y Acapulco, entre sedas, porcelanas y especias también viajaban técnicas, símbolos, pigmentos y formas de entender el mundo. Aquellos barcos ya habían convertido el océano en una inmensa red de intercambio cultural antes de la web. Pocas piezas resumen mejor ese proceso que las bateas novohispanas, protagonistas de la exposición temporal Bateas novohispanas. Una encrucijada cultural, que puede visitarse desde mayo en el Museo de América.

Para quien no esté familiarizado con el término, una batea es una bandeja de madera lacada. Se fabricaron principalmente entre los siglos XVII y XVIII en talleres de Michoacán, Guerrero y otras regiones de la Nueva España, las bateas fueron objetos de prestigio destinados a las élites virreinales. Los investigadores creen que pertenecían al ajuar de las mujeres de clase alta e intercambiados como regalos entre las élites.
Su uso cotidiano convivía con una asombrosa riqueza técnica. La madera se preparaba mediante un complejo proceso de lacado heredero de tradiciones indígenas que posteriormente incorporó procedimientos y acabados llegados desde Oriente. El resultado fueron superficies de un brillo profundo sobre las que se desarrolló un repertorio iconográfico sorprendentemente diverso.
En sus superficies conviven conocimientos indígenas transmitidos durante siglos, influencias llegadas desde Asia a través del Galeón de Manila y modelos decorativos europeos que terminaron integrándose en un lenguaje propio.
La exposición presenta las bateas como documentos históricos capaces de explicar cómo circulaban las ideas entre continentes.

Comisariada por el historiador del arte Adrián Contreras, propone mirar estas piezas desde una perspectiva completamente distinta: la de objetos nacidos en el encuentro entre culturas que nunca dejaron de transformarse mutuamente. Lejos de la uniformidad que cabría esperar en objetos de este tipo de material, las bateas despliegan escenas mitológicas, escudos heráldicos, animales fantásticos, paisajes, motivos vegetales. Son de este modo unarchivo visual donde confluyen referencias procedentes de mundos muy distintos sin perder nunca una identidad propiamente novohispana.
Entre todas las piezas expuestas solo una incorpora de forma explícita un símbolo cristiano: la Cruz de Malta (Jueguen a encontrarla). Rompe con el predominio de programas decorativos profanos que caracterizan el conjunto.
Esa diversidad iconográfica constituye una de las aportaciones fundamentales de la investigación desarrollada por Adrián Contreras durante los últimos años. Su trabajo ha permitido revisar atribuciones, identificar nuevos centros de producción y ampliar el conocimiento sobre unas piezas que durante décadas permanecieron relegadas a un papel secundario dentro de la historia del arte hispanoamericano. Gracias a esas investigaciones hoy sabemos que las bateas fueron mucho más que recipientes de uso doméstico: para el comisario fueron espacios de experimentación artística donde dialogaban técnicas, materiales e imaginarios procedentes de tres continentes.
Busquen al ángel
Entre las piezas expuestas hay una cerámica especialmentente curiosa. Sobre ella aparece un pequeño ángel realizando un gesto que hoy cualquiera interpretaría como un corte de mangas. En el contexto en que fue creada, aquel movimiento tenía un significado completamente distinto.
Se trata de un gesto apotropaico, una imagen protectora destinada a alejar el mal, conjurar la desgracia o preservar a quien utilizaba el objeto. ¿Lo conocían?

No solo artes decorativas
Durante décadas, este tipo de objetos quedaron relegados a una categoría secundaria dentro de la historia del arte. Tratadas como artes decorativas, una etiqueta que con frecuencia ocultaba su verdadera importancia cultural, por su uso domestico y cotidiano.
La exposición del Museo de América propone precisamente revisar esa calificación.
Cada una de estas piezas puede entenderse como el resultado de una compleja red de intercambios que unía talleres indígenas, comerciantes asiáticos, coleccionistas europeos y élites novohispanas. Conviven en ellas técnicas americanas heredadas de la tradición prehispánica con influencias orientales llegadas a través del Galeón de Manila y repertorios iconográficos procedentes de grabados europeos.

Aunque Bateas novohispanas se centra en el maque, la técnica de lacado desarrollada en la Nueva España, la exposición permite ampliar la mirada y descubrir que en América existieron otras extraordinarias tradiciones de lacado. En los actuales territorios de Colombia y Ecuador, los artesanos desarrollaron el barniz de Pasto, una técnica basada en la utilización de la resina vegetal del mopa-mopa, muy diferente del maque, pero con un origen igualmente prehispánico y una extraordinaria continuidad durante el periodo virreinal. La resina, procedente de una especie vegetal propia de la región, se trabajaba hasta convertirla en una fina membrana que podía aplicarse directamente sobre la madera y utilizarse para crear complejas decoraciones.
La comparación entre ambas tradiciones permite comprender hasta qué punto el continente americano fue escenario de una rica y diversa cultura del lacado. Técnicas desarrolladas en distintos territorios compartieron, pese a sus diferencias, una larga tradición y evolucionaron posteriormente en contacto con nuevos materiales, objetos, repertorios decorativos e influencias procedentes de Europa y Asia. El barniz de Pasto llegó a alcanzar un especial desarrollo durante los siglos XVII y XVIII, convirtiéndose en una de las manifestaciones artísticas más singulares del ámbito virreinal.

La investigación que reescribe la Historia
La muestra encuentra uno de sus principales apoyos en las investigaciones desarrolladas por Adrián Contreras, cuya labor ha permitido ampliar el conocimiento sobre la producción lacada de la Nueva España y revisar muchas de las ideas asumidas durante décadas.
Su trabajo reconstruye las rutas comerciales, los contextos de uso y los lenguajes visuales que hicieron posibles estas piezas. Gracias a esa investigación hoy resulta posible entender las bateas como parte de un sistema artístico y económico extraordinariamente sofisticado.
La exposición se acompaña además de un catálogo publicado con motivo de la muestra, una edición que reúne las aportaciones más recientes sobre la laca novohispana y que incluye estudios técnicos y materiales sobre las técnicas y componentes empleados en la elaboración de las bateas.
Obligan a acercarse, a descubrir los pequeños detalles, a seguir el recorrido de las escenas y a reconocer que un objeto con una historia de enorme complejidad.
Hasta el 18 de octubre
La exposición Bateas novohispanas. Una encrucijada cultural puede visitarse en el Museo de América hasta el 18 de octubre de 2026
Además, durante las últimas semanas de la exposición será posible descubrir la muestra a través de visitas guiadas a cargo de las mediadoras culturales del Museo de América.
Las próximas visitas tendrán lugar el sábado 12 y el viernes 25, a las 11.00 horas. Para participar será necesaria inscripción previa a través de ESTE FORMULARIO. Ya en octubre, habrá dos nuevas oportunidades, el sábado 3 y el viernes 16, también a las 11.00 horas. Todas las visitas son gratuitas y cuentan con aforo limitado.
Cuatro siglos después de su creación, estas piezas siguen revelando nuevas formas de entender el encuentro entre culturas. Es la mejor razón para volver a mirarlas antes de que regresen a los almacenes del museo.
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com
Fotografías/Vídeo: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

No se puede comentar.