El 2016 toca a su fin y lo hace de la mano de la Navidad, la fiesta que sirve para unir un año con otro. Estas fechas, como cualquiera de las señaladas por la sociedad y la cultura, son marcadamente especiales en todos los aspectos de la vida. El gastronómico no está exento, y numerosos platos y productos dan personalidad a las fiestas navideñas en la Costa del Sol (Málaga).

Cuando iniciamos un recorrido por la gastronomía navideña, la zona de Antequera debe ser señalada como referencia absoluta. La producción del mantecado y otros dulces propios de Navidad ha convertido la Ciudad de los Dólmenes en un lugar básico para entender la cultura gastronómica de diciembre y enero.

Y es que la cultura repostera del mantecado está fuertemente extendida en el centro de Andalucía: Rute, Estepa y otras poblaciones fronterizas de las provincias de Córdoba, Málaga, Sevilla y Granada son muy destacadas por la producción de estos dulces, y Antequera es un bastión en ese sentido.

En Antequera, además de las propias empresas mantecaderas, que generan una importante carga de empleo desde el final del verano, se encuentran los conventos religiosos que, con lo recaudado a causa de la alta demanda de sus tradicionales recetas, logran sobrevivir durante unos cuantos meses.

Dentro de los dulces propios de la Navidad en la Costa del Sol ocupa un lugar fundamental el borrachuelo. Se le llama así porque la masa, hecha de harina y frita en aceite, viene aderezada –o emborrachada- por aguardiente y vino. En la provincia de Málaga se tienden a rellenar con dulce de batata o cabello de ángel y se presentan bañados en miel o en azúcar.

El rosco de vino es otra de las estrellas gastronómicas de la provincia. Nobleza obliga, a tenor de los caldos que posee la Costa del Sol para preparar estos manjares. El rosco, en el que el vino dulce de Málaga ocupa un papel especialmente relevante, es una de las recetas más extendidas y, por ello, tiene múltiples variantes de acuerdo con la zona de producción.

Y para mojar todo ello, el anís, por ejemplo; uno de los más afamados a nivel nacional, el de Ojén. Con orígenes en el siglo XIX este aguardiente de alta graduación ha sido citado por Cela y pintado por Picasso, por lo que se ha convertido en un instrumento de difusión de la cultura gastronómica de la provincia de Málaga, además de internacionalizar el nombre del pueblo de interior que colinda con Marbella.

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