Moda

«Helbig Archive: 96-26»: treinta años de sueños hechos con las manos en el Museo del Traje

La diseñadora barcelonesa Teresa Helbig repasa tres décadas de carrera en una retrospectiva en el Museo del Traje de Madrid. Icónicos vestidos, complementos, fotos personales,... todo para conocer la clave del éxito de esta maestra que materializa lo que sueña.

Treinta años concentrados en la excelencia

Lo primero, les debo una confesión. Es mi debilidad. Todo lo que hace y dice me inspira. Y el artículo puede acercarse mucho más a lo emocional que a lo informativo. Pero… ¿Quién quiere solo vestirse cuando con un Helbig te puedes convertir en una diosa del olimpo?  Pues eso. Aspiraciones de una mortal.

«Helbig Archive: 96-26» ocupa la primera planta del Museo del Traje y celebra tres décadas de trayectoria de Teresa Helbig, una de las diseñadoras españolas de alta costura más reconocidas y premiadas de las últimas décadas. 

El recorrido, comisariado por la propia Helbig junto a Juan Gutiérrez, reúne cerca de cincuenta piezas escogidas entre toda su producción, un ejercicio de selección que la diseñadora ha reconocido como uno de los más difíciles de todo el proceso. 

Sus vestidos son joyas, y se enmarcan y elevan a modo de esculturas. El montaje construye un relato, y ese relato empieza, precisamente, por el final del proceso creativo.

El recorrido cromático está cuidadísimo: arranca con una selección de piezas unidas por el beige, para ir virando después hacia el negro con modelos expectaculares de colecciones miticas.

Helbig es una valedora de la artesanía del hilo, de lo hecho con tanto detalle y precisión que resulta sublime. Porque además en ese proceso se reconoce el tiempo dedicado,  la atención prestada y el amor. Y amor es lo que tiene a su alrededor. Celebró este treinta cumpleaños rodeada de sus amigas en el Teatro Infanta Isabel, con la Mercedes Fashion Week como marco. 

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Técnicas ancestrales recuperadas para hoy 

El nivel de detalle de las piezas es lo primero que llama la atención al recorrer la sala. Bordados, encajes, aplicaciones y acabados tan minuciosos que resulta casi imposible apreciarlos a distancia. Hace falta acercarse para admirar el trabajo que hay detrás de cada una.

Helbig señaló en una entrevista que entre las técnicas que más ha tenido que perfeccionar a lo largo de su carrera está la pintura sobre piel. Como ejemplo, podemos ver el vestido de flores pintadas. Simplemente perfecto. Las mallas de metal, piezas mínimas sobre las que después se construye todo un dibujo, tampoco se lo pusieron fácil en su momento. Pero ella insiste y no se rinde hasta conseguir lo que sueña. 

Detrás de cada vestido expuesto hay una cadena de oficios que en la moda actual, dominada por la producción masiva y contaminante, cada vez escasean más: patronistas, costureras, bordadoras, plumistas, artesanos del metal o de la porcelana, todos trabajando codo con codo en el mismo taller de Barcelona.

Esa mezcla de disciplinas es otra seña de identidad y debía estar presente en la retrospectiva como homenaje a un ecosistema de oficios manuales que muchas firmas han dejado de necesitar, y que Helbig se ha empeñado en mantener vivo durante treinta años, prenda a prenda.

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El alma de Teresa

La muestra esconde una sorpresa emocional y bella: La cúpula bautizada como «El alma de Teresa Helbig», un espacio que guarda algunos de sus «toiles», los prototipos de muselina con los que prueba cada diseño antes de convertirse en pieza definitiva, además de un vestido excepcional realizado en porcelana. Materiales que revelan que Teresa ama la sencillez y la pule hasta convertirla en la más valiosa joya.

Fíjense en cada botón dibujado, en cada corte y medida ajustada para crear la caída precisa. Esos escotes para resaltar clavículas y esas espaldas, transparentes que enmarcan y estilizan. Puro talento.

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Ochocientas plumas, una boda y treinta años después

Nada de esto se entiende sin nombrar a Teresa, la madre y “jefaza”. Modista de oficio, fue ella quien le enseñó, que la elegancia de una prenda no está en lo que se ve a primera vista, sino en la calidad de la tela, la obsesión por el detalle y el tiempo invertido en cada puntada. Antes de convertirse en una firma, Teresa Helbig fue eso: una madre y una hija cosiendo juntas, sin plan ni inversión, solo con la certeza de que aquello merecía hacerse bien.

La leyenda fundacional, que la propia diseñadora ha contado en varias ocasiones, tiene algo de cuento moderno: un vestido de ochocientas plumas cosidas a mano para acudir a una boda, tanta gente preguntando de dónde había salido, y la decisión, casi accidental, de convertir aquello en una pequeña colección. Fue la propia Teresa madre, como mano derecha del atelier durante los primeros años, quien sostuvo la parte más artesanal de la firma mientras la hija afilaba su mirada de autora.

Ese tándem se explica muy bien en el audiovisual que puede verse en la exposición y ayuda a transmitir un valor concreto: la artesanía como herencia.

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Primera mujer en diseñar para Iberia

Una parte especialmente significativa de la muestra está dedicada a los uniformes que Helbig diseñó para Iberia. Con ese encargo, se convirtió en la primera mujer diseñadora en vestir a la compañía aérea, tomando el relevo de nombres tan importantes en la moda española como Manuel Pertegaz, Elio Berhanyer o Adolfo Domínguez.

Hoy, esos uniformes visten a más de 4.500 empleados de la aerolínea. Es una de las formas más silenciosas y masivas en las que un diseño de autor llega a formar parte de la vida cotidiana de miles de personas que probablemente ni siquiera saben quién firma la prenda que llevan puesta.

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Vestidos que son legado

Cortes que estilizan sin encorsetar, escotes medidos al milímetro, caídas de tela que parecen esculpidas más que cosidas.

Verlos de cerca, en el propio museo, deja entender por qué tantas mujeres célebres han recurrido a ella para ser el centro de atención de cualquier evento. Helbig es sinónimo de elegancia y aparecer con uno es acertar. No hay duda.

Detrás de cada pieza expuesta hay una idea que la diseñadora repite con insistencia: la ropa no debería pensarse para una sola temporada. Su trabajo se ha mantenido siempre alejado de la lógica del stock masivo, apostando por piezas con valor sentimental suficiente como para sobrevivir en un armario durante años, e incluso para pasar de una generación a otra.

Ella misma ha explicado que muchas de sus clientas han empezado ya a legar sus vestidos, convirtiendo prendas en objetos con memoria familiar. 

Una etiqueta con treinta años de historia

Para despedirte, en la salida, enmarcada como otra reliquia, aparece la primera etiqueta de la firma. Un objeto casi invisible entre tanto vestido, pero que despierta la ternura del que ya conoce y admira su recorrido. 

Helbig vive esta exposición como revulsivo para seguir creando. Antes de que acabe el año ya trabaja en su desembarco en Estados Unidos, todavía sin decidir si será en Los Ángeles o en Nueva York. Los sueños siguen.

Salgo al calor del mediodía en Madrid con una sonrisa y pensando que se trata de una justa y necesaria exposición que pone en valor a las “mujeres que trabajan para mujeres” desde su esencia. Con la excelencia como espejo. 

Y que cumplas muchos más, Teresa. 

Ya sabes cuál será mi deseo la próxima vez que sople una vela.

Fotografías y video: cristinagala_  (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

Sección Cultura · Gastronomía y Moda

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