El músico británico clausuró el festival sevillano al frente de Sting 3.0. Clásicos de The Police y de su carrera en solitario, un sonido impecable y una Plaza de España entregada marcaron la última noche de Icónica.
No quedaba una entrada desde hacía meses. Sting era uno de los conciertos más esperados de esta edición y la Plaza de España volvió a completar su aforo para despedir un festival que, durante varias semanas, ha convertido el monumento sevillano en uno de los grandes escenarios musicales del verano en nuestro país.

Sting 3.0 no responde a la lógica habitual de un tour de grandes éxitos. Es, ante todo, una elección artística. Tras décadas sobre los escenarios con grandes formaciones, orquestas y hasta proyectos sinfónicos, el músico ha decidido reducirlo a los esencial y volver al trío, junto a Dominic Miller y Chris Maas. Busca un sonido más desnudo, donde el peso vuelva a estar en las canciones y en la complicidad entre los tres músicos sobre el escenario.
Dominic Miller, no es solo el guitarrista, es el colaborador imprescindible desde principios de los años noventa y coautor de Shape of My Heart, mientras que el batería Chris Maas, se ha encargado de aportar una energía renovada a los himnos que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Con solo unas notas
La actuación arrancó con Message in a Bottle, dejando claro desde el primer acorde que el repertorio estaría construido sobre algunos de los temas más reconocibles de toda su trayectoria. Sonaron If I Ever Lose My Faith in You, Every Little Thing She Does Is Magic, Fields of Gold, Never Coming Home, Mad About You, Shape of My Heart, Walking on the Moon, So Lonely, Desert Rose y King of Pain alternando con naturalidad composiciones de su carrera en solitario y de su etapa al frente de The Police.
Uno de los momentos más especiales llegó con Englishman in New York. Bastó que Sting entonara el característico «Oh oh…» del estribillo de la canción para que miles de voces respondieran al unísono, convirtiendo la Plaza de España en un gran coro de “extranjeros legales”. Momentazo.
No hubo necesidad de reinventar unas canciones que llevan décadas formando parte de la banda sonora de millones de personas. El concierto encontró su fuerza precisamente en esa sencillez: una interpretación precisa, una banda sólida y un sonido especialmente limpio que permitió apreciar cada detalle de los arreglos.
La complicidad de Sting 3.0
La gira Sting 3.0 tiene además un pequeño ritual que se ha convertido en una de sus señas de identidad. En cada concierto, Dominic Miller y Chris Maas sorprenden al músico británico proponiéndole una canción que él desconoce hasta ese mismo momento.

Un guiño al fútbol
Entre canción y canción dejó algunas intervenciones en español, breves pero muy cercanas. Mientras en Miami, Inglaterra y Francia se jugaban el tercer puesto del Mundial, avisó al público del resultado en ese momento (a favor de Inglaterra 4-0), para terminar diciendo “Mañana, España”, una frase que provocó la complicidad inmediata de toda la Plaza.
Un final para bajar el telón de Icónica
Con Every Breath You Take, nos preparábamos para la despedida y fue uno de los momentos más emotivos de la noche. Sin embargo, Sting regresó al escenario para interpretar Roxanne y, ya en el cierre definitivo, se quedó solo con su guitarra para ofrecer una delicada y mágica versión de Fragile. Perfecta.
Un final íntimo y sereno con el que desapareció entre aplausos.
No hizo falta nada más ni nada menos para cerrar Icónica 2026.
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com


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