Marilyn Manson subió por primera vez a un escenario sevillano la noche del lunes, dentro del Icónica Santalucía Sevilla Fest. Lo hizo con el termómetro todavía por encima de los 30 grados a las diez de la noche y coincidiendo con el partido de octavos de final entre España y Portugal en el Mundial.
Un nombre poco habitual para la Plaza de España
Sevilla no es, históricamente, terreno abonado para el metal. Antes de Manson, solo Megadeth y Scorpions habían dejado su huella en el cartel de Icónica dentro de este género, así que ver al artista sobre un escenario tan monumental como el de la Plaza de España tenía, para el público más veterano, algo de sueño cumplido tarde.
Detrás del personaje está Brian Hugh Warner, de 57 años, uno de los grandes nombres del metal industrial desde que este género revitalizó el rock en los años noventa, en pleno declive comercial del grunge. Su leyenda se construyó también a base de rumores casi imposibles de verificar, desde una supuesta operación para extirparse una costilla hasta la historia, nunca confirmada, de que habría formado parte del reparto de la serie «Aquellos maravillosos años».
Un nombre con varias caras
Pocos artistas acumulan tantos apodos como él. Unos lo llaman «el Anticristo», en referencia directa al disco que lo hizo mundialmente famoso. Otros prefieren «el Reverendo», un título que no es solo un mote de fan: la Iglesia de Satán, fundada por Anton LaVey, llegó a nombrarlo sacerdote honorífico en los años noventa, alimentando aún más la mitología que rodea a su figura.
Esa doble condición, de estrella de rock y de líder casi espiritual para una parte de sus seguidores, ha hecho que sus conciertos funcionen casi como un rito compartido. No hace falta acercarte a su estética ni su discurso para reconocer que, entre el público que lo sigue de gira en gira, existe algo parecido a una comunidad propia, con sus códigos, su vestuario y su manera particular de vivir cada concierto como una liturgia.

Un repertorio pensado para recorrer tres décadas
Manson llegó a Sevilla con material de sobra para repasar: este año se cumplen tres décadas del lanzamiento de «Antichrist Superstar» (1996), el disco que lo catapultó a la fama mundial, y el repertorio de la noche combinó esos himnos de siempre con temas de «One Assassination Under God – Chapter 1», su duodécimo álbum de estudio, publicado a finales de 2024.
El concierto arrancó marcando el tono desde el primer minuto, con temas de ritmo directo y letra coreable que pusieron al público a cantar casi sin margen para el calentamiento previo. A partir de ahí, el repaso avanzó sin apenas pausas entre canciones, alternando cortes más oscuros y de medio tiempo con otros de pura pegada, de manera que el pulso del concierto nunca llegó a decaer pese al calor acumulado en el ambiente.
Ya en la recta final llegaron los momentos de mayor conexión con el público: «Sweet dreams (Are made of this)» convirtió la plaza en un coro improvisado, y «The Beautiful People» hizo el resto, con miles de voces completando cada estribillo. Manson simuló una despedida antes de volver para el tramo de bises, en el que no faltaron «Tourniquet» ni una intensa versión de «Personal Jesus», coreada de principio a fin pese al cansancio acumulado tras más de hora y media de concierto.

Un vestuario que sigue sorprendiendo
Si algo demostró Manson en Sevilla es que el componente visual sigue siendo parte inseparable de su directo. A lo largo del concierto fue cambiando de vestuario en varias ocasiones, alternando entre piezas ya reconocibles para sus seguidores más veteranos y otras que parecían diseñadas específicamente para esta nueva etapa de gira.
Ninguno de esos cambios resultó gratuito ni casual: cada nuevo look llegaba acompañado de un giro en la puesta en escena, un cambio de luces o una variación en su forma de moverse por el escenario, como si cada prenda trajera consigo un personaje ligeramente distinto. Y sin embargo, por debajo de esa sucesión de estética siempre había el mismo Manson reconocible, el que lleva treinta años jugando con la provocación y la teatralidad sin perder su sello.
Un sonido a la altura del escenario
Uno de los grandes aciertos técnicos de la noche fue la calidad del sonido, algo que no siempre se puede dar por hecho en un escenario al aire libre y de las dimensiones de la Plaza de España. La mezcla llegó nítida a todos los rincones del recinto, con la voz de Manson siempre por delante de una instrumentación densa y contundente, sin que se perdiera un solo matiz de guitarra ni de percusión incluso en los pasajes más saturados.
Esa limpieza sonora ayudó a que temas más complejos en su producción de estudio sonaran igual de sólidos en directo, y permitió que el público disfrutara del concierto tanto por lo visual como por lo puramente musical.

El gol que pasó casi desapercibido
Buena parte del público eligió el concierto antes que la pantalla del móvil, a pesar de que España se jugaba esa noche el pase de ronda ante Portugal. El resultado, un 1-0 favorable a la selección española, apenas alteró el pulso de la actuación: la plaza prefirió seguir mirando al escenario.
Una estrella de rock, una iglesia y un lugar ya ganado en la historia
Manson demostró en Sevilla que buena parte de su leyenda no depende del misterio ni del morbo que la acompaña desde los años noventa, sino de una capacidad, todavía intacta, para sostener a un público de varias generaciones dentro de un mismo recinto.
Camisetas negras de varias generacines corearon los temas de siempre y descubrieron, algunos por primera vez en directo, los del último disco
Entre el público, además, se dejó ver El Sevilla, del grupo Mojinos Escozíos, sumado como uno más a la marea que coreó cada estribillo.
Una comunidad que lo entiende como algo más que un artista:una auténtica iglesia de fieles desde hace tres décadas, capaces de recorrer media España para verlo y de convertir cada concierto en una liturgia compartida, con sus propios códigos y su manera particular de vivir la música.
«Antichrist Superstar – Manson” repitió fórmula. Y certificó que no está agotada, ni mucho menos. Su lugar en la historia del rock y del metal industrial es indiscutible, así como innegable es su influencia sobre generaciones enteras de artistas que vinieron después.
Fotografías y video: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

No se puede comentar.