Me gustaría comenzar este artículo describiendo una de las fotografías, para quienes nunca se hayan acercado a este artista. Imaginen con mis palabras, es como un ejercicio.
Varios trabajadores viajan en la “caja abierta” de una furgoneta, de esas que rápidamente llamamos “americana”, y por el contexto, al parecer, van camino de la obra. Algunos duermen. Otros sostienen sus herramientas. Ninguno mira a cámara. La imagen, tomada desde un puente, al acecho, resulta sorprendentemente bella. Pero segundos después uno comprende que esa belleza habla de precariedad, de caos, de derechos sociales y de una “normalizada” forma de vivir.
Un trayecto diario. Un barrio levantado en la periferia. Una frontera. Un río que cambia. Lugares donde, aparentemente, no ocurre nada extraordinario (o sí). Puede que justo allí se escondan preguntas urgentes sobre cómo vivimos.
Ese es el territorio de Alejandro Cartagena.
A partir de aquí nos esperan más de veinte series que recorren una trayectoria que ha convertido a Cartagena en un artista clave de la fotografía documental latinoamericana contemporánea. Más de 200 obras entre fotografías, fotolibros, collages, instalaciones y piezas audiovisuales, realizadas entre 2001 y 2025.
Las preguntas
Antes de desarrollar sus grandes proyectos trabajó digitalizando negativos en la Fototeca Nuevo León, una experiencia que despertó su interés por los archivos.
En sus primeros trabajos alterna autorretratos, imágenes de la casa donde pasó su infancia o fotografías obtenidas a partir de cámaras instaladas en la frontera entre México y Estados Unidos. ¿Puede una fotografía explicar realmente un lugar? Cartagena lleva años intentando responderse y en ese camino implicándonos a participar de sus inquiatudes.
Sus series
Uno de los primeros proyectos de la exposición es Identidad Nuevo León, realizado junto al artista Rubén Marcos.
Durante un año instalaron un fondo blanco en plazas y calles de distintas localidades mexicanas para retratar a cualquier persona que quisiera detenerse unos minutos. El resultado reúne más de ochocientos retratos. Hoy es todo un archivo colectivo de comienzos del siglo XXI.
Suburbia Mexicana, la serie que le dio proyección internacional le mantuvo durante dos años documentando el crecimiento repentino e indiscriminado de la periferia de Monterrey. Calles y viviendas repetidas a lo “corta y pega” para denunciar las decisiones económicas que aplastan la identidad de un lugar. Pero Cartagena no hace una denuncia explícita, te deja pensar.

La fotografía que cambió su carrera
Su serie más conocida es Carpoolers. La imagen de la camioneta con la que comencé el artículo.
Durante un año fotografió desde un puente que cruza una de las principales autopistas de Monterrey. Su objetivo se centraba en las camionetas que transportaban trabajadores hasta las zonas industriales. La bellísima perspectiva cenital hace que cada vehículo sea una ventana casi privada por la que asomarnos. Ver para interpretar. Herramientas, mochilas, cascos y cuerpos agotados, tapados, … una armonía geométrica hipnótica.
El abuelo del fotógrafo, albañil, viajaba exactamente de esa manera. Conocer ese detalle amplía la lectura de la serie, porque la aparente distancia con la que están tomadas las fotografías es, en realidad, profundamente personal.
Lo cotidiano de una frontera
Con la trilogía Invisible Line nos acerca a uno de los temas más complejos de su carrera: la frontera entre México y Estados Unidos.
Aquí no hay imágenes espectaculares de situaciones límite. La atención del autor se centra en las personas que deciden vivir en la frontera. Ciudadanos estadounidenses instalados en México o familias separadas por una valla aparecen retratados con una extraordinaria serenidad.
La serie habla de desigualdad y de las distintas posibilidades que tiene cada persona para moverse por el mundo, resignificando la adaptación, la resiliencia y el compromiso.
Cuando la fotografía deja de ser suficiente
Tiempo después, Cartagena empezó a cuestionar los límites del propio medio fotográfico.
De esa reflexión nacen proyectos como Accumulations, donde corta y recompone fotografías anteriores para construir paisajes imaginados, o Photo Structure, realizado a partir de archivos familiares encontrados en mercadillos de las que elimina cuidadosamente a las personas retratadas.
Las obras más recientes incorporan incluso inteligencia artificial entrenada con su propio archivo para seguir preguntándose hasta qué punto seguimos confiando en las imágenes como prueba de la realidad. Muy Fontcuberta.
El paisaje como traductor
La preocupación medioambiental ocupa otro espacio importante en su trayectoria..
Rivers of Power documenta las consecuencias del huracán Alex sobre el río Santa Catarina, mientras que Accumulations No. 12 registra durante meses el cielo nocturno de Monterrey desde la azotea de su casa para mostrar cómo la contaminación modifica incluso el color del aire. Aterrador.
Cartagena utiliza el paisaje como indicador de los cambios sociales y ambientales que atraviesan su ciudad.
El «antropólogo» tras la cámara
Llegados a este punto es bueno saber que Alejandro Cartagena entiende la fotografía como una investigación de largo recorrido y necesita varias vías de expresión. Es por eso que el fotolibro ocupa un lugar esencial. Declarado admirador de Robert Frank y de Pablo Ortiz Monasterio, ha publicado cerca de una treintena de libros y defiende la secuencia de imágenes como la verdadera forma de construir un relato. Ahí sigue vivo Duane Michaels, (permítanme el guiño al maestro).
Ground Rules tiene dos visitas, la primera para aprender, y la segunda para meditar. En las dos nos replantearemos ángulos y planos. Y no hablo de fotografía.
No hay mejor resumen de esta exposición que una frase del propio autor: «A veces hay que sacrificar la mejor fotografía para que sobreviva la historia.»
Y con su forma de mirar, ya sabemos que esa historia cabe en una caja larga de una Ford F-150.
Datos para la visita: en la web de la Fundación Mapfre
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com





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