Durante décadas, Duane Michals defendió una idea simple y perfecta: una fotografía podía ser muchomás que ser una prueba de la verdad. Podía evocar, soñar, sufrir, llorar… en definitiva, contar historias, formular preguntas, hablar de la memoria, del deseo, de la muerte. La noticia de su fallecimiento, a los 94 años, obliga a volver sobre una trayectoria que amplió los límites del medio fotográfico y cuya vigencia quedó patente el pasado verano en la retrospectiva que la Fundación Canal le dedicó en Madrid.

Un camino propio dentro de la fotografía
Para muchos fotógrafos y amantes de la imagen, entre los que me incluyo, Michals ocupa el centro. No fue un documentalista al uso, ni un reportero, ni un fotógrafo obsesionado con la perfección técnica, al contrario, se enorgullecía de lo saber manejar bien la cámara ni tener referentes. Su territorio fue otro mundo.
Le interesaban las emociones, las dudas, las contradicciones humanas y todo aquello que no podía medirse ni explicarse fácilmente. Mientras otros buscaban capturar el mundo visible, él se empeñó en fotografiar lo invisible. Y así conocerse.
Nacido en 1932 en McKeesport, Pensilvania, Duane Michals llegó a la fotografía desde un recorrido poco convencional. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Denver y trabajó como diseñador gráfico antes de descubrir la cámara como herramienta de expresión personal.
Un viaje a la Unión Soviética a finales de los años cincuenta despertó definitivamente su interés por la fotografía. A partir de entonces comenzó una carrera que acabaría convirtiéndolo en una de las voces más originales e influyentes de la segunda mitad del siglo XX.
Desde sus primeros trabajos quedó claro que no compartía muchas de las preocupaciones dominantes de la fotografía de su tiempo. Frente al énfasis documental que caracterizaba buena parte de la tradición fotográfica estadounidense, Michals dirigió su atención hacia cuestiones más complejas y difíciles de representar: la identidad, el paso del tiempo, la espiritualidad, el amor, la pérdida o la muerte. La muerte le obsesionaba.

La revolución de las secuencias fotográficas
Si existe una aportación fundamental de Duane Michals a la historia de la fotografía, probablemente sea la creación de sus célebres secuencias narrativas.
En lugar de confiar toda la fuerza expresiva a una única imagen, comenzó a construir historias mediante series de fotografías. Sus personajes se transformaban, desaparecían, envejecían, se desdoblaban o transitaban por situaciones cargadas de simbolismo. Esas dobles exposiciones servían para ir creando sus capas de significado y él lo hizo antes y mejor que nadie.
Aquellas secuencias rompían con una de las grandes convenciones fotográficas del momento: la idea de que una fotografía debía funcionar como una unidad cerrada y autosuficiente. Michals te pedía opinión al mirar, te pedía claramente intervenir y que esa interpretación terminase en lo más profundo de tu ser.
Entendió que algunas historias necesitaban tiempo para desarrollarse. Que determinadas emociones requerían más de una imagen.
Muchas de las estrategias visuales que hoy nos resultan familiares y comunes encuentran el origen en sus series.

Cuando las palabras se convirtieron en imagen
Otra de las características que definieron su trabajo fue la incorporación de textos manuscritos sobre las fotografías.
A lo largo de su carrera escribió directamente sobre las copias reflexiones personales, pensamientos, relatos breves y comentarios que ampliaban el significado de las imágenes.
No eran simples explicaciones. Tampoco funcionaban como pies de foto, eran parte de la obra.
Con aquella decisión cuestionó otra de las ideas más arraigadas de la fotografía moderna: la creencia de que la imagen debía sostenerse completamente sola, para pasar a intervenirla como un objeto.
Para Michals existían experiencias que no podían condensarse únicamente en una fotografía. La palabra permitía abrir nuevas capas de lectura y establecer una relación más íntima con el espectador.
Aquella combinación de imagen y texto sigue siendo una de las señas de identidad más reconocibles de su producción artística.

La influencia del surrealismo y las grandes preguntas humanas
La obra de Michals mantiene vínculos evidentes con el universo surrealista y, especialmente, con figuras como René Magritte, al que fotografió en uno de sus originales retratos. Ese era el mundo en el que se sentía cómodo, el de la expresión sin límites, sin tregua.
Detrás de sus imágenes siempre aparecía una preocupación profundamente humana. Ver más allá de lo evidente.
La retrospectiva de Madrid
La gran retrospectiva organizada por la Fundación Canal el pasado verano permitió redescubrir la amplitud y coherencia de una carrera excepcional.
La muestra reunía más de un centenar de obras y ofrecía un recorrido por las distintas etapas creativas de Michals, desde sus primeras experimentaciones hasta trabajos realizados en las últimas décadas.
Fue una de las exposiciones que más recomendé durante aquellos meses.
No porque se tratara de una cita imprescindible porque estuviera dedicada a una figura histórica de la fotografía, sino porque conseguía algo concreto: explicar con claridad por qué un artista había cambiado su disciplina.
Mientras pasaba largas jornadas en el Ateneo de Madrid, en la sala dedicada a la fotografía de Rui Ochoa, el nombre de Duane Michals estaba permanentemente en todas mis conversaciones con fotógrafos, artistas y visitantes. Siempre terminaba recomendando hacer el trayecto hasta Plaza de Castilla, porque sin duda merecía la pena. Menos mal que muchos me hicieron caso.
Pero quienes no tuvieron la oportunidad, y a los que si… nos queda un regalo. La institución conserva en su canal de youtube la charla Fotografiar lo invisible, de mi querido David Jiménez, fotógrafo exquisito y sensible y muy preparado para transmitir todo lo que sabe, que es mucho. Referente hablando de referente. Denle a play y después terminan el artículo.

Un legado que permanece
Michals comprendió antes que muchos otros que la fotografía podía ser un territorio para la filosofía. Que una imagen podía contener preguntas dentro de preguntas y más preguntas.
La noticia de su muerte cierra una trayectoria irrepetible, pero no disminuye la fuerza de una obra que sigue dialogando con quienes se acercan a ella por primera vez.
El verano pasado, tuve el privilegio de ver sus fotografías y notar cómo se erizaba la piel, de llorar, porque sus historias eran verdad.
Dedicó toda una vida a intentar fotografiar aquello que pensaba, recordaba, imaginaba y sentía. Qué valiente. Y en ese empeño nos hizo pensar, imaginar y sentir… vaya regalo.
La retrospectiva madrileña permitió acercarnos a centímetros a un creador fundamental. Hoy, tras su desaparición, me le imagino colocándose sus alas y saltando por la ventana… Nos quedamos como ese niño diciendo adiós con la mano, con la fuerza de su presencia en tantas imágenes que nos dejó para volver a mirar por sus ojos. Gracias, Duane.

Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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