Joan Fontcuberta introduce una fisura contemporánea. Háptica propone abandonar la mirada complaciente para recuperar el contacto: ahora también hay que casi tocar. El propio término que da título a la exposición remite a una percepción basada en el tacto, y funciona aquí como una clave de lectura: la imagen deja de entenderse como superficie pulcra para afirmarse como objeto, con densidad, textura y resistencia.
En una época marcada por la sobreproducción visual, Fontcuberta insiste en cuestionar no solo qué vemos, sino cómo lo vemos. Su trabajo, siempre situado en la frontera entre la fotografía y la reflexión crítica, encuentra en Háptica una nueva formulación: desplazar la imagen del terreno de lo inmediato hacia el de lo tangible. Este desplazamiento no es únicamente formal, sino también epistemológico, en la medida en que desestabiliza la confianza en la imagen como evidencia.
La muestra reúne 55 obras que rehúyen deliberadamente la nitidez y la perfección asociadas a la cultura digital. En su lugar, aparecen imágenes fragmentadas, erosionadas o alteradas, como si hubieran atravesado procesos de desgaste que las devuelven a una dimensión casi escultórica. Estas superficies no solo se ofrecen a la mirada, sino que introducen una cierta fricción, obligando a reconsiderar las condiciones bajo las cuales una imagen puede ser leída.
En términos próximos a los planteamientos de Roland Barthes, podría decirse que Fontcuberta tensiona el vínculo entre fotografía y realidad. Si la imagen había funcionado tradicionalmente como garantía de un “eso-ha-sido”, aquí ese estatuto aparece erosionado por procesos de intervención, manipulación y relectura que impiden fijar un origen estable.

Lejos de entender la tecnología como una amenaza, Fontcuberta ha defendido en numerosas ocasiones que la inteligencia artificial amplía las posibilidades creativas. Sin embargo, su respuesta en esta exposición no pasa por la fascinación tecnológica, sino por una reorientación del problema: atender a aquello que la imagen digital tiende a neutralizar, es decir, su espesor material y su condición de objeto.
A partir de la reconfiguración de trabajos desarrollados en distintos momentos y contextos, la exposición, presentada previamente en Almería, funciona como un dispositivo de lectura reorganizando materiales preexistentes bajo una misma problemática y haciendo visible cómo las imágenes, al igual que los archivos de los que a menudo proceden, están siempre sujetas a desplazamientos, recontextualizaciones y nuevas condiciones de sentido.

Comisariada por Sema D’Acosta, la exposición articula varias series recientes que profundizan en esta línea de investigación. En Élevage de Poussière (2022-2024), presentada previamente en Venecia, el artista trabaja con documentos de archivos nacionales italianos observados a través de microscopio electrónico. El resultado no es la representación del documento, sino su descomposición: partículas, restos, polvo. La historia convertida en materia, en un proceso que remite a lo que Vilém Flusser denominaría una reprogramación de lo visible a través del aparato.
En Dermis (2018), desarrollada a partir del grafoscopio del Museo del Prado, la imagen se aproxima a la idea de piel. Superficies donde el tiempo deja marcas visibles, donde la memoria se inscribe más allá de lo representado, en una lógica cercana a la noción de huella desarrollada por Georges Didi-Huberman.
Por su parte, Acheronta Movebo (2016) parte de archivos fotográficos de las minas de Asturias para explorar la transformación de la imagen en vestigio. Ya no se trata de documentar, sino de mostrar cómo las imágenes también envejecen, se erosionan y acumulan temporalidades, desplazándose de la evidencia hacia una condición más inestable.
La exposición se acompaña además de un catálogo que prolonga el planteamiento conceptual de la muestra. Incluye una conversación entre Joan Fontcuberta y Sema D’Acosta que incorpora una dimensión reflexiva complementando la experiencia expositiva.
Háptica transporta a un lugar de tensión dentro del ecosistema visual contemporáneo. En un entorno dominado por pantallas, algoritmos y flujos constantes de imágenes, el trabajo de Fontcuberta propone una interrogación sobre las condiciones materiales, técnicas y culturales que determinan cómo las imágenes se producen, circulan y adquieren sentido en el presente.
Fotografías y vídeo: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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