‘Poc a poc’, así se vive y siente la vida en Menorca: poco a poco, con calma y tranquilidad. Una Reserva de la Biosfera que ha logrado preservar su esencia natural y calidad de vida incluso en los tiempos difíciles que vivivimos.

Porque si las Islas Baleares en general han sido de las menos afectadas por el COVID19, Menorca en particular –con 38 positivos, según las últimas cifras– se afianza día a día como refugio seguro por el descenso significativo de casos positivos. Un destino que transmite confianza tanto para una escapada vacacional… como para pasar una temporada teletrabajando en un entorno de bienestar excepcional.

‘Piano piano si va lontano’

Basta subir a lo alto del monte Toro, la cima de la isla y su epicentro, para darse cuenta de la maravilla natural que arropa a quien se deja tentar por Menorca.

Sus escasos 357 metros de altitud son, sin embargo, la mejor atalaya para admirar toda la isla en una panorámica de 360º al amparo del Cristo redentor que se alza, brazos abiertos, sobre su este monte y su ermita-santuario. Y también para darse cuenta de que aquí todo queda muy cerca… pero también alejado del estrés de la vida cotidiana en las urbes peninsulares. Por eso Menorca, atrapa, seduce, protege.

‘Piano piano si va lontano’ reza el popular refrán italiano. Y tiene razón, las prisas son (casi) siempre malas consejeras; no hace falta correr para llegar a la meta, a cualquier meta. Una versión casi idéntica al ‘poc a poc’ con el que los menorquines acogen a quienes les visitan, transmitiéndoles tranquilidad y cercanía; haciéndoles partícipes de una opción de vida que encaja a la perfección con el entorno natural que envuelve la isla.

Menorca, refugio seguro, natural, saludable y Región Europea de Gastronomía 2022 - Gastronomía y Moda

Como esa Reserva de la Biosfera que tiene su núcleo en el parque natural de s’Albufera des Grau; como ese histórico Camí de Cavalls que circunvala la isla en sus 185 kms. de perímetro, el mejor lugar para andar respirando pura esencia mediterránea, hacer ejercicio… y reencontrarse con uno mismo.

Menorca demuestra día a día a quien viaja o la escoge como estancia temporal que el verdadero lujo no está en lo material sino en la tranquilidad, en la buena vida, en lo natural… ¡En lo auténtico! Incluida una gastronomía sana, de calidad y de proximidad. Por eso Menorca es un refugio seguro donde alcanzar el equilibrio emocional.

Región Europea de Gastronomía 2022

Menorca, refugio seguro, natural, saludable y Región Europea de Gastronomía 2022 - Gastronomía y Moda

Menorca ya forma parte, por méritos propios, de la influyente Plataforma de Regiones Europeas de la Gastronomía; un reconocimiento que hasta ahora solo atesoraba otro territorio del estado español, Catalunya, que lo logró en 2016.

Y así lo festejó por todo lo alto el sábado, 18 de enero, en el Claustre del Carme, de Maó, uno de los símbolos agroalimentarios y gastronómicos de la isla balear, donde se formalizó la entrega del título de Región Europea de Gastronomía 2022. Una fecha con un significado muy especial al producirse un día después de Sant Antoni, la Diada del Poble de Menorca.

El preciado título lo recogió la presidenta del Consell y de la Fundació Foment del Turisme de Menorca, Susana Mora, quien destacó en todo momento el carácter colectivo y participativo del proyecto.

Resaltó también la “red de productores, profesionales y empresas que, día a día, constituyen la identidad gastronómica menorquina y dinamizan la economía local desde el respeto por la tradición, la búsqueda de la innovación y la máxima de la sostenibilidad˝.

Y concluyó: “A partir de hoy abrimos un nuevo camino, exigente y estimulante. Un camino que nos ha de llevar a hacer de nuestra gastronomía un activo diferenciador, con una influencia que queremos determinante en la economía y también en el territorio, el bienestar y la salud”.

Le hizo entrega de este reconocimiento Diane Dodd, presidenta del Instituto Internacional de la Gastronomía, la Cultura, las Artes y el Turismo (IGCAT), organización sin ánimo de lucro que desde 2012 trabaja para empoderar a las comunidades locales a partir de la salvaguarda y promoción de los recursos propios.

Diane Dodd puso en valor el recorrido de la isla en la aplicación de políticas sostenibles. “Menorca es una isla pequeña pero sois grandes líderes en sostenibilidad.

Menorca, refugio seguro, natural, saludable y Región Europea de Gastronomía 2022 - Gastronomía y Moda

Es por eso, sumado al hecho que en los últimos años se ha generado un movimiento fantástico alrededor de la gastronomía, que ha sido elegida Región Europea de Gastronomía. Todo esto, combinado con el respeto y la preservación del medio ambiente, de vuestra cultura y de vuestro patrimonio, da como resultado un cóctel increíble”.

Azafrán, el ‘oro rojo’ menorquín

Menorca ‘hila fino’ culinariamente lo que le ha valido ser Región Gastronómica Europea 2022. Y uno de sus productos menos conocidos ¬–pero de gran prestigio internacional– es el azafrán, esas hebras que se extraen con paciencia de la flor que las produce.

Un tesoro más de la tierra menorquina que requiere mimo y paciencia, que ha cambiado el color del paisaje de la zona central insular donde se cultiva. Un auténtico ‘oro rojo’ –por el elevado coste en proporción a su peso– que no solo mejora el sabor de los platos, sino que contribuye a hacer más saludable nuestra vida, por sus propiedades curativas.

Antioxidante, antidepresivo, anticancerígeno, antienvejecedor, protector cardiovascular, digestivo, tonificante del sistema nervioso… ¡e incluso afrodisíaco! Aunque parezca mentira, son múltiples las propiedades de esta diminuta y delicada especia que popularmente asociamos a la gastronomía, pero cuyo valor –más allá del económico– va muy vinculado a la salud y el bienestar. Así lo han sabido ver y apreciar en Menorca, donde desde hace siete años se dedican a su cultivo en la finca Santa Margalida (Es Mercadal).

Menorca, raíces profundas

Menorca, raíces profundas - Gastronomía y Moda

Menorca. Las canteras de s’Hostal, cerca de Ciutadella; las barracas para animales en forma de pirámide escalonada en Punta Nati, los molinos harineros como el de Sant Lluís, el aljibe de origen inglés de Es Mercadal o un Centro Artesanal en esta misma localidad, ubicada en el corazón de la isla.

Las huellas que han ido dejando los diferentes oficios presentes en el campo menorquín constituyen otro de los alicientes que Menorca depara a quienes desean descubrir sus raíces, más allá de los chapuzones en sus maravillosas calas y playas.

En Líthica nada es lo que parece. Porque lo que en apariencia son unas canteras –las de s’Hostal, a unos 5 kms de Ciutadella– para la extracción de piedra se han convertido desde hace un cuarto de siglo en uno de los lugares más espectaculares de Menorca para el desarrollo de todo tipo de eventos lúdico-culturales, como el veraniego Festival Pedra Viva.

Exponentes de la interacción del hombre con el medio natural

Además estas canteras tienen una veintena de espacios bien señalizados, como el Laberinto de los Vergeles, el Circuito Botánico o el Jardín Medieval. Al oeste de la isla, en Punta Nati, sorprenden unas curiosas edificaciones de piedra de los siglos XVIII y XIX, de planta circular o cuadrada, llamadas barracas. Y se unen a la densa red de muros de piedra diseminados por la isla e integrados en el paisaje. Son bellos exponentes de la interacción del hombre con el medio natural.

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Sant Lluís vivió de sus tres molinos de viento harineros de los que hoy día se conservan dos: el Molí de Dalt, transformado en museo etnológico, y otro como centro para la juventud. En Ciutadella está el Molí des Comte, del siglo XVIII. Y hay otro en Es Mercadal. Esta localidad también atesora un aljibe del siglo XVIII en el que se recogía y almacenaba el agua de lluvia para abastecer a las tropas británicas de la época.

Y un Centro Artesanal ubicado en un edificio centenario: los antiguos cuarteles militares. Este centro expone numerosas piezas, elementos etnológicos del campo menorquín, plantas autóctonas y un interesante audiovisual de siete oficios tradicionales, además de poder adquirirse productos elaborados por los artesanos.

Menorca, piedras que hablan

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Menorca, de gran belleza, fotogenia y un magnetismo que atrapa al visitante, navetas, talaiots, taulas, poblados y necrópolis transportan a un viaje de regreso al pasado de más de cuatro milenios, ¡al año 2.100 antes de Cristo!

Un patrimonio arqueológico único en el mundo cuya materia prima es un elemento natural del paisaje menorquín que entronca con su cultura y su historia: las huellas talayóticas. Unas piedras que hablan… pues son el más fiel testimonio de los primeros moradores de la isla.

Construidos entre dos milenios –del año 2.300 a.C. hasta la conquista romana, en el 123 a.C.– este conjunto talayótico constituye uno de los atractivos más singulares y representativos de la cultura menorquina.

Hay navetas (construcciones para enterramientos colectivos en forma de nave invertida), poblados, taialots (torres troncocónicas destinadas a la vigilancia), recintos de taula (que tenían una función ritual y en cuyo interior se ubica una estructura formada por una columna y un capitel en forma de T) y necrópolis (enterramientos en cuevas, generalmente ubicadas en barrancos).

De todo este patrimonio arqueológico el gran icono es la Naveta des Tudons, a 9 kms de Ciutadella; un tipo de tumba que solo se encuentra en esta isla. También estarían entre los grandes referentes: la Torre d’en Galmés, entre Alaior y Son Bou, el poblado talayótico mejor conservado.

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El poblado talayótico de Trepucó, 2 kms al sur de Maó. Torralba d’en Salort, entre Alaior a Cala’n Porter. Las necrópolis de Calescoves, entre Sant Climent y Cala’n Porter, y de Cala Morell, 12 kms al norte de Ciutadella. Las navetas de Rafal Rubí, cerca de Alaior. O el poblado talayótico de Binissafullet (entre Sant Lluís y esta localidad). Además, el Museo de Menorca, en Maó, alberga piezas prehistóricas; y el Museo Municipal de Ciutadella, en el palacio Can Saura, una exposición sobre la prehistoria de Menorca.

Las raíces menorquinas del Premio Nobel Albert Camús

Como el enigmático Rosebud del filme ‘Ciudadano Kane’, la autobiografía inacabada de Albert Camus –publicada en 1994, 34 años después de su muerte– entronca con su infancia y adolescencia. Una etapa de su vida que compartió con su abuela materna menorquina, con la que convivió hasta los 17 años en un humilde barrio de Argelia.

Catalina María emigró al país norteafricano a mediados del siglo XIX pero su lengua y costumbres menorquinas afloraron en la novela póstuma de Camus. Esta vinculación del escritor a la isla balear gestó en 2017 unas jornadas literarias que se suman a la intensa actividad cultural que propone la isla a lo largo del año.

Raíces menorquinas

Marcado por una trágica y corta pero intensa vida –quedó huérfano de padre a los 8 meses… y falleció con apenas 46 años, en accidente de coche– la obra y esencia de Albert Camus están influenciadas, en parte, por sus raíces menorquinas; más en concreto, a la localidad de Sant Lluís, ubicada 10 kms al sur de Maó.

Su abuela materna, Catalina María Cardona, había nacido allí; y se casó en Argelia con Esteve Sintes, hijo de emigrantes menorquines originarios de Ciudadela. Echando la vista más atrás en el árbol genealógico observamos que sus bisabuelos maternos también nacieron en la isla balear: José Cardona, en Maó, y Joana Fedelich, en Es Castell.

Auténticos payeses que vivían en una casa de campo, Rafaletó, en Pou Nou. Por eso, pasear por Sant Lluís y visitar su iglesia parroquial –donde fue bautizada su abuela– evoca las raíces menorquinas de Camus.

Las raíces menorquinas del Premio Nobel Albert Camús - Gastronomía y Moda

El autor, entre otras, de ‘La Peste’ y ‘El extranjero’, reconocido en 1957 con el Premio Nobel de Literatura, rescató del olvido sus recuerdos de infancia en ‘El primer hombre’, su obra póstuma, reflejando las penurias económicas de su familia… pero también las historias que contaba sobre Menorca su abuela, a la que recuerda: “criada por sus padres maoneses en una pequeña granja, se casó muy joven con otro maonés, delgado y frágil, ya que los hermanos se habían instalado en Argelia desde 1848…”.

Paradójicamente, Albert Camus, que visitó Mallorca e Ibiza en su primer viaje fuera de Argelia, recién casado, no pudo ir a Menorca por complicaciones en los transportes. No la visitó jamás… Pero la isla, Sant Lluís y la abuela Catalina María estuvieron siempre latentes en su imaginativo pensamiento. Fueron su particular e imaginario ‘Rosebud’.

Nota: Publicación en  colaboración con Hoteles.com, pero todas las opiniones e información  que aquí se exponen son de Gastronomía y Moda.

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