Figura imprescindible —y deliberadamente excéntrica dentro del sistema— Ana Locking ha hecho de la disidencia estética y conceptual su principal seña de identidad.
La rareza como identidad
Y es que su trayectoria, ajena a las inercias más convencionales de la moda, la ha consolidado como esa “chica rara” que ella misma lleva a gala, y que no encaja del todo en ninguna categoría, pero que precisamente por ello ha sido capaz de expandirlas todas.
Así lo entiendes, de golpe, al entrar en la retrospectiva que Madrid le dedica en la Sala Canal (C/ Santa Engracia, 125. Madrid). Nostalgia/Utopía puede verse hasta el 12 de julio.

Reconocimiento y trayectoria
Reconocida con el Premio Nacional de Diseño de Moda y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, su carrera es el claro ejemplo de cómo se pueden expandir los límites de la moda hacia territorios donde pensamiento, emoción y discurso conviven.

Una exposición para mirar desde dentro
La exposición, comisariada por Alberto Gonper, su alter ego, reúne más de 160 piezas y recorre dos décadas de propuestas. Pero esto no es un archivo, ni una cronología.
Al entrar te recibe esa sensación de estar a punto de abrir un regalo. Una gran caja de embalaje que contiene una sorpresa (a desvelar al final del texto). Y a partir de ahí, los dioramas. Primer aviso: aquí no vas a mirar desde fuera.
Son escenarios milimétricamente construidos (Lo importante es amar, El siglo de las luces) que al principio observas con cierta distancia, como si fueran cuadros sacados del Museo del Prado. Todo está en su sitio, suspendido, como si la escena estuviera a punto de suceder. Pero esa distancia dura poco. Al querer descubrir todo lo que contiene, terminas completando tú la historia.

Referencias y forma de pensar
Las referencias de Ana están ahí, aunque no subrayadas: Kawakubo, Gaultier, indiscutiblemente Westwood, Galiano, McQueen… De todos recoge una manera de entender la moda, desde la emoción, la crítica y la ironía para transformarla en algo completamente propio.
Ella misma lo dice: la moda es relacional. Y en esta exposición nada funciona solo. Todo necesita de quien lo mira. Por eso sus desfiles son performances. Para Locking no hay colección sin algo que decir. Lo tiene claro: no volverá a las pasarelas hasta que tenga una buena historia que contar.
En esa forma de pensar son fundamentales sus referentes artísticos, sus idolatrados Jeff Wall y Joseph Beuys, quienes configuran la columna vertebral de su inspiración creativa.

Detalle, universo y compromiso
Y eso se nota en todo. Literalmente en todo. Cuida cada detalle —desde las fotografías (en muchas de las cuales se autorretrata) hasta las invitaciones o el dosier de prensa—, todo está tematizado, todo forma parte del universo que crea para ti y del que no quieres salir.
También se hace notar su parte más valiente. No esquiva lo incómodo, que plasma en colecciones como Realness, The Power of Identity o Genderless dejando claro que su trabajo ha estado profundamente comprometido con cuestiones sociales y políticas: identidad, género, comunidad. ¿Artificio? Aquí hay posicionamiento.
Un archivo de tesoros
Mientras subes las escaleras hay un momento en el que todo se vuelve casi cinematográfico. Las prendas aparecen protegidas en cajas, contenidas, como si fueran reliquias. Y los zapatos… por favor. Es difícil no pensar en estar recorriendo ese almacén infinito donde se pierde el arca de la alianza. Como si cada pieza fuese un tesoro que hemos tenido la suerte de contemplar.
La caja y el relato
Y ha llegado el momento de desvelar qué guardaba esa imponente caja que nos recibe en la puerta de entrada. En su interior hay un audiovisual muy original en su planteamiento y ejecución, construido a partir de preguntas de personas anónimas, gente que no conoce a la artista, y quizá por eso aciertan más de lo esperado. Las respuestas van dibujando una cara B de Ana, directa y cercana, que te acompaña durante todo el recorrido para completar con sus propias palabras (como una audioguía) lo que estás viendo.
A partir de ahí, todo encaja de otra manera. Cuando dice que sus colecciones son autobiográficas, no suena a frase hecha. Incluso la historia de cómo González se convierte en Locking, que podría haberse adornado, no necesita ninguna mentirijilla para engancharte.

Debería estar en un museo
Y para terminar, la guinda, el catálogo. No recomiendo todos los catálogos de las exposiciones que visito, pero este es un rotundo sí. Un volumen que reúne más de 600 piezas para poder reconocer todas las partes del universo Locking, y que bien podría estar expuesto en otra de las cajas. O en un museo.
Quizá por eso sales con una sensación muy concreta: la de haber visitado un mundo muy pensado, también muy honesto. Uno de esos que no necesitan exagerarse para conectar. Porque ya tienen suficiente verdad dentro. Y yo me quedo dentro.
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com
Sección Cultura · Gastronomía y Moda

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