La croqueta, ese bocado aparentemente sencillo que resume tradición, técnica y memoria, volvió a demostrar en Madrid Fusión por qué sigue siendo uno de los grandes iconos de la gastronomía española. En la XII edición del Campeonato a la Mejor Croqueta de Jamón Ibérico, el chef Alejandro Cano, al frente del restaurante Salino en Madrid, se proclamó ganador tras conquistar al jurado con una elaboración que rozó la perfección.
El reconocimiento llegó tras una cata exigente en la que se valoraron aspectos clave como la textura, el equilibrio, la intensidad de sabor y el respeto absoluto al producto. La propuesta de Cano destacó por una cremosidad impecable, un roux perfectamente trabajado y una proporción milimétrica entre jamón ibérico, leche y harina, culminada con un rebozado crujiente y limpio que elevó el conjunto.
Técnica, paciencia y respeto al producto
Lejos de fórmulas improvisadas, la croqueta ganadora es el resultado de un proceso largo y minucioso. La leche utilizada se infusiona durante horas con hueso de jamón, aportando profundidad aromática a una bechamel clásica elaborada con mantequilla y harina. El jamón ibérico, cuidadosamente picado, mantiene su presencia en cada bocado, aportando una salinidad intensa y un sabor profundo que define la personalidad de la receta.
La fritura, lejos de excesos, se realiza con precisión: una primera cocción a temperatura controlada y un breve horneado posterior permiten que el calor llegue al centro de la croqueta y se alcance esa melosidad que marca la diferencia entre una buena croqueta y una extraordinaria.
No es casualidad. Alejandro Cano reconoce haber perfeccionado esta receta durante más de un año, ajustando tiempos, temperaturas y proporciones hasta lograr el equilibrio exacto que convenció a un jurado de primer nivel.
Un jurado de excepción y un nivel altísimo
El campeonato reunió a algunos de los nombres más relevantes de la alta gastronomía nacional, chefs y críticos que coincidieron en señalar el altísimo nivel de las propuestas presentadas. En un formato tan popular como exigente, el detalle y la técnica fueron determinantes para decantar la decisión final.
Además del ganador, el certamen volvió a demostrar la riqueza y diversidad de enfoques que puede ofrecer un plato tan arraigado en la cultura culinaria española como la croqueta de jamón, con finalistas procedentes de distintos puntos del país y estilos muy personales.

La croqueta como símbolo de identidad gastronómica
Más allá del premio, este reconocimiento consolida a Alejandro Cano como uno de los grandes referentes actuales en la reinterpretación de la cocina tradicional desde el rigor técnico y el respeto al producto. Su croqueta, ya convertida en emblema de Salino, se suma a esa lista de bocados que trascienden el concurso para convertirse en destino gastronómico por sí mismos.
Una victoria que no solo celebra el talento individual, sino también el excelente momento creativo que vive la cocina española, capaz de elevar lo cotidiano a categoría de excelencia.
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