Reconozco que mi primer acercamiento a Israel no fue precisamente desde el flamenco más tradicional. Supe de él cuando apareció sobre el escenario de Icónica junto a Lenny Kravitz. Desde entonces, me interesa especialmente esa capacidad que tiene para moverse entre diferentes públicos y lenguajes sin desprenderse del flamenco. Esa misma personalidad está también detrás de colaboraciones como la realizada este año con Cruzcampo 1904, donde volvió a compartir escenario con Diego del Morao en una propuesta que llevó el compás a un contexto muy diferente.
En el Alcázar presentó un espectáculo amplio, construido a partir de sus propias composiciones y de revisiones de piezas conocidas, con el piano, las cuerdas y los coros incorporados al discurso flamenco. A su lado estuvieron Ané Carrasco a la percusión; Pirulo y Marcos Carpio en palmas y coros; Tamara Malena y Juana del Mono en los coros; y las cuerdas de Violeta Díez Díez, Lucía Borque Gallego y Helena Martínez. Una formación pensada para acompañar los cambios de la propuesta y acercar el cante a una sonoridad que mezcla lo clásico con otras formas de entender la música.
Diego del Morao destacó. Su guitarra estuvo presente con una seguridad extraordinaria, respondiendo al cantaor, dando aire a los distintos palos y manteniendo una tensión musical constante. Y cuando se quedó solo sobre el escenario, quedó todavía más claro su dominio del instrumento. Fue uno de los grandes momentos de la noche y una demostración de la complicidad musical que existe entre ambos. 
Israel tuvo sus mejores momentos y pudimos apreciarlo más contenido y una manera muy personal de entender el cante. Fue una propuesta ambiciosa, que por momentos consigue ese equilibrio entre tradición y una mirada más abierta, con margen para que todos sus elementos (atractivos todos) convivan con mayor naturalidad.
Israel Fernández, nominado a los Grammy Latinos y ganador del Premio Odeón por Amor y del Premio de la Academia de la Música de España por Pura Sangre, llegaba al Alcázar como uno de los nombres más reconocibles de su generación. Su trayectoria explica en buena parte esa facilidad para acercar el flamenco a otros territorios sin renunciar a lo que dice suyo. En Sevilla quiso llevar esa búsqueda un paso más allá y hacerlo precisamente en una Bienal que, para él, tenía algo de sueño cumplido.
Y el Alcázar no se queda solo… llega otro estreno absoluto (15 septiembre 21:30H) con Rancapino Chico.
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

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