Cultura

Richard Avedon en la Fundación Mapfre y el oeste americano que nadie quería ver, hasta el 30 de agosto en Madrid

Un encargo de un museo de Texas, cinco años de viajes y más de mil retratos después, Avedon entregó In the American West, 1979-1984, considerada su obra maestra.

El glamour de serie

Richard Avedon “fabricó” lo que conocemos como moda durante décadas. Sus imágenes para Harper’s Bazaar y Vogue definían cómo debía verse la elegancia y el buen gusto en papel impreso. De sus fotografías cobraba forma belleza que merecía la pena mirar. Hubo un momento en que Avedon era, literalmente, quien decidía eso. “Todas” querían ser vistas por sus ojos (También nuestra Cayetana de Alba tiene un retrato en pleno baile del exquisito fotógrafo, y que  aún puede verse en la exposición en el Palacio de las Dueñas, y si no saben de lo que hablo pueden leer el artículo aquí

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Sandra Bennet.

Pero llegó 1979 y el rey del glamour decidió aceptar y marchar al oeste americano a fotografiar otro mundo.

Sería una decisión difícil. Abandonar el sistema en el que eres el más poderoso para ponerte delante de un minero en Wyoming, de una camarera en un pueblo de Colorado, de una niña de doce años que te sostiene la mirada sin parpadear. El encargo venía del Amon Carter Museum de Texas. Avedon dedicó cinco años de su vida (de 1979 a 1984) a recorrer aparcamientos, ferias, corrales y mataderos para fotografiar a más de mil personas. Personas que, como él mismo dijo, “levantaban el país con su trabajo sin que nadie tuviera la decencia de mirarlas”.

In the American West es el resultado. Y la Fundación MAPFRE lo trae ahora a Madrid con las 110 copias de referencia que el propio Avedon seleccionó y trabajó en laboratorio para la muestra original y su catálogo. Verlas en este formato  cambia la experiencia. Cambia la distancia a la que puedes posicionarte en más de un sentido.

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Un fondo blanco que no perdona

El método era siempre el mismo: luz natural del amanecer, aire libre, cámara sobre trípode, fondo blanco. Avedon se situaba a un lado de la cámara de placas, a poco más de un metro de distancia de sus retratados, y hablaba con ellos durante la sesión.

Todo parece muy sencillo. Pero no. El fondo blanco puede tener la función de neutralizar  a los sujetos pero también los aísla. Elimina el entorno que podría contextualizarlos. Lo que queda es solo esa persona y su manera de estar en el mundo. Su nombre y profesión en la cartela. El cuerpo, la postura, las manos, la expresión. Justo es eso lo que lo vuelve denso, verdadero e incómodo.

Hay algo en este gesto que me recuerda a ciertas decisiones de Walker Evans o de August Sander: la frontalidad como exigencia.

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 Avedon sabía que no había neutralidad posible en ese intercambio entre espectador y retratado y lo decía claramente “quién controla la situación soy yo”. Así las posturas estaban claras.

Esa declaración es, quizás, la mayor lección que contiene esta serie para quienes trabajamos con imágenes. La fotografía construye realidades. Y el primer paso para no mentir es reconocerlo.

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América sin filtro

Cuando la serie se publicó en 1985, generó debate. Se cuestionó la honestidad del proyecto, la distancia insalvable entre el fotógrafo de lujo y esos hombres y mujeres que nunca habían aparecido en una galería. Había algo incómodo en esa asimetría. Y sigue habiéndolo. Puede comprobarlo mientras visitaba la exposición y comentaba con otros asistentes lo que les parecía. Mantener la mirada a tanta vulnerabilidad, duele a muchos.

Pero es precisamente esa incomodidad lo que hace que In the American West siga siendo insustituible cuarenta años después. Porque Avedon no construyó un documento de denuncia bienintencionada. Construyó retratos y abrió preguntas.

Son los años de Reagan, de la desmantelación de la industria y de muchas promesas vacías.  Y todo eso se refleja en la forma de sostener los hombros, en la tensión de una mandíbula, en la mirada profunda de quien espera poder moverse. Resignación en algunos Desafío en otros. Y en muchos, esa dignidad callada.

La exposición incluye también algunos de los materiales del proceso: notas, contactos, documentos de trabajo. Decisiones que delatan una ¿preocupación estética? y una ética, ¿no les parece?.

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Si no hay emoción, me quedo en casa

Merece la pena saber queen las paredes de  la sala Recoletos están las copias de trabajo del propio Avedon, las que él tenía encima de la mesa cuando decidía cómo debía verse cada imagen definitiva. 

Y las comisarió Clément Chéroux, director de la Fondation Henri Cartier-Bresson,  llegaron a Madrid directamente desde París, donde se vieron por primera vez completas el año pasado. Esta es la  segunda parada europea y  de momento, la última. Otro motivo para salir de casa pese al calor de la capital.

Me quedo pensando en lo que puede significar que estas imágenes lleguen ahora a nosotros, en estos tiempos que vivimos. En otro momento podrían parecer arqueología. Hoy son urgentes y muy necesarias. Lo que Avedon fotografió en el oeste americano del siglo pasado tiene su equivalente en todas partes. Aquí y Ahora.

Y me surgen preguntas: ¿Es posible mirar de frente sin juzgar, o juzgar es exactamente lo que hacemos cuando miramos? No hagan trampa y no utilicen el reencuadre que nos da la distancia.

Avedon dijo que sus retratados eran” personas a las que nadie mira. Sin embargo, son las que mueven el mundo”. A día de hoy están ahí. Mirándote. Y la única pregunta que me importa es qué hago yo con eso. Muchas veces lo que creemos mirar, ya nos ha elegido antes de volver el rostro.

Hasta el 30 de agosto tenemos tiempo de respondernos.

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Más info:

Fundación MAPFRE, Sala Recoletos. Paseo de Recoletos, 23, Madrid. Hasta el 30 de agosto de 2026.

Fotografías: cristinagala_  (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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