Una ciudad menos pendiente de mostrarse
La ciudad celebrará durante esta semana una programación expandida en torno al DIM, la iniciativa impulsada por el Consejo Internacional de Museos desde 1977, que este año vuelve a desplegar actividades especiales en espacios como CaixaForum Sevilla, Museo de Bellas Artes de Sevilla o Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Parte de esa programación se extenderá además hacia la llamada Noche Europea de los Museos, aunque en Sevilla ambas celebraciones terminan ya prácticamente superpuestas.
Lo interesante no es tanto el volumen de actividades —visitas guiadas, talleres, recorridos comentados— como el pequeño desplazamiento que provocan en la ciudad. Durante unas horas, Sevilla parece menos pendiente de representarse a sí misma y más interesada en mirarse desde dentro.

CaixaForum y la convivencia de públicos improbables
En CaixaForum Sevilla, por ejemplo, la exposición Dinosaurios de la Patagonia funciona casi como una excusa para reunir públicos que rara vez coinciden en un mismo espacio cultural. Familias, estudiantes, visitantes ocasionales y espectadores de arte contemporáneo terminan compartiendo recorridos entre fósiles gigantes y las piezas de Fuera de marco, la muestra de Rineke Dijkstra y Philippe Parreno.
Hay algo significativo en esa convivencia aparentemente improbable: los museos llevan años intentando abandonar la vieja división entre alta cultura y divulgación, y quizá CaixaForum sea uno de los pocos lugares en Sevilla donde esa mezcla sucede sin demasiada rigidez.
El Bellas Artes y la lentitud del barroco
Muy distinta es la experiencia del Museo de Bellas Artes de Sevilla. El antiguo convento mercedario conserva incluso en los días de mayor afluencia una especie de lentitud interior. Sus claustros absorben el ruido exterior de una manera casi física. Durante esta edición del DIM, el museo propone visitas especiales y actividades familiares coincidiendo además con Arte y Misericordia. La Santa Caridad de Sevilla, una exposición que vuelve sobre la iconografía barroca sevillana sin convertirla únicamente en postal identitaria.
Sevilla mantiene una relación extraña con su propio patrimonio. Lo monumental suele imponerse sobre lo íntimo. Por eso resulta interesante entrar al Bellas Artes fuera del recorrido turístico habitual: permite recordar que el barroco sevillano no fue solo exuberancia estética, sino también una sofisticada maquinaria visual vinculada al poder, la religión y la representación social.

El CAAC y la ciudad que aparece al anochecer
Más al oeste, cruzando la ciudad hacia la Cartuja, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo sigue funcionando como una anomalía necesaria. Pocos espacios culturales españoles poseen una relación tan extraña y tan fértil con la arquitectura que habitan. El antiguo monasterio, atravesado por restos industriales, jardines y muros semiderruidos, parece resistirse todavía a convertirse en un espacio completamente domesticado.
Quizá por eso el CAAC alcanza su mejor versión cuando cae la tarde. Las exposiciones de Donna Huanca, Jem Perucchini o Sandra Poulson dialogan allí con algo más que el cubo blanco institucional. El visitante no termina de recorrer únicamente obras; recorre también distancias, silencios, humedad, vegetación, ruina. Sevilla no siempre ofrece lugares donde el arte contemporáneo pueda respirarse sin necesidad de justificarse constantemente frente al peso del pasado.
Otra idea de patrimonio
Más silenciosa, aunque igual de significativa, será la programación del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. Frente a la espectacularización cultural que domina buena parte de la agenda contemporánea, este museo insiste en otra idea de patrimonio: la que habita en los objetos cotidianos, los tejidos, los oficios y las formas de vida populares. Hay algo casi político en esa resistencia a convertir la cultura únicamente en experiencia de consumo.
También la Casa de la Ciencia participará en la programación con talleres y actividades divulgativas. Su presencia recuerda algo que los discursos culturales suelen olvidar con frecuencia en Sevilla: que la producción de conocimiento científico también forma parte de la conversación cultural de una ciudad.
Cuando Sevilla deja de ser escenario
El Día Internacional de los Museos suele presentarse cada año como una celebración del acceso a la cultura. Y probablemente lo sea. Pero en ciudades como Sevilla quizá funcione sobre todo como una suspensión momentánea de ciertos automatismos urbanos. Entrar de noche en un museo modifica inevitablemente la percepción del tiempo. La ciudad parece desacelerarse. Los edificios pierden parte de su función monumental y recuperan cierta fragilidad.
Durante unas horas, Sevilla deja de ser únicamente escenario.
Y quizá ahí empiece realmente a convertirse en ciudad.
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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