En CaixaForum Madrid hay estos meses una exposición que habla de guerras, palacios, cacerías, escritura y propaganda política. Pero sobre todo habla de permanencia. “Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria” reúne hasta el 4 de octubre esculturas, relieves y tablillas procedentes del British Museum para acercarse a uno de los gobernantes más complejos de la Antigüedad: un hombre que entendió que conquistar territorios no bastaba; también había que controlar el relato.

Un rey que quiso construir algo más que un imperio
La exposición arranca con la dimensión más evidente de Asurbanipal: la del monarca absoluto capaz de gobernar uno de los mayores imperios de su tiempo desde la ciudad de Nínive, en el siglo VII antes de Cristo.
Pero lo interesante sucede cuando el recorrido empieza a desmontar la idea simplificada del rey guerrero.
Porque Asurbanipal se reconoce también como alguien obsesionado con registrar, clasificar y conservar. Mientras el imperio avanzaba mediante campañas violentas y alianzas estratégicas, él reunía miles de textos escritos en tablillas de arcilla: documentos administrativos, literatura, conocimientos astronómicos, rituales religiosos o tratados científicos.
Ver hoy reunidos esos fragmentos se comprende que era una manera de garantizar que su civilización sobreviviera al tiempo.

El poder necesita imágenes
Hay salas enteras dedicadas a dar la importancia que tenía la representación de la autoridad.
Relieves monumentales muestran cuerpos sometidos, escenas de combate, procesiones ceremoniales y cacerías de leones convertidas en auténticas demostraciones visuales de dominio. La violencia aparece cuidadosamente organizada, casi escenificada.
Y ahí la exposición se vuelve especialmente incómoda.
Porque resulta difícil no reconocer mecanismos que siguen funcionando hoy: el poder convertido en espectáculo, la necesidad de producir imágenes de fuerza o la construcción deliberada de una narrativa política destinada a impresionar al espectador.
Nada en el imperio asirio parece dejado al azar. Ni siquiera la estética de la brutalidad.

Nínive como idea
Más allá de las piezas arqueológicas, la muestra consigue transmitir algo más difícil: la ambición cultural de aquella civilización.
Nínive no era únicamente una capital administrativa. Era una declaración de sofisticación. Jardines, palacios, bibliotecas y programas decorativos formaban parte de una misma estrategia: convertir la ciudad en símbolo de superioridad política y cultural.
En algunos momentos del recorrido uno tiene la sensación de estar observando el nacimiento de muchas cosas que todavía nos acompañan: el archivo como herramienta de poder, la monumentalidad como propaganda o la necesidad de fijar una versión oficial de la historia.

Mucho más que una exposición histórica
Lo más interesante de “Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria” es que evita quedarse encerrada en ofrecer datos para ser olvidados.
El recorrido termina inevitablemente conectando con cuestiones muy actuales: la destrucción del patrimonio durante los conflictos contemporáneos, la fragilidad de la memoria cultural o la facilidad con la que una civilización puede desaparecer físicamente mientras intenta permanecer simbólicamente.
Las últimas salas, dedicadas al descubrimiento arqueológico de Mesopotamia y a la conservación del patrimonio iraquí tras décadas de guerras y saqueos, cambian por completo la lectura de la exposición. Ya no se trata solo de contemplar objetos antiguos, sino de pensar en todo aquello que estuvo a punto de perderse.

Las tablillas
Entre esculturas monumentales y escenas de guerra hay algo que termina quedándose grabado de forma inesperada: las tablillas.
Pequeñas piezas de arcilla cubiertas de signos diminutos que lograron atravesar siglos de incendios, derrumbes y conquistas. Resulta difícil no mirarlas con cierta emoción. Son ventanas directas al pasado. Toda aquella escritura nació para organizar un imperio y ha terminado sobreviviendo al propio imperio.
Quizá por eso son las piezas que más llaman mi atención. Porque hablan de una necesidad que sigue intacta: dejar algo escrito antes de desaparecer.
Información de interés:
Caixaforum Pº del Prado, 36, (Madrid).
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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