Cuatro décadas ilustrando para The New Yorker, editoras de medio mundo y los lectores más exigentes, y Ana Juan llega por fin a Madrid con una exposición que no mira hacia atrás. Wunderkammer no es una retrospectiva ni un homenaje ordenado: es un proyecto creado desde cero para CentroCentro, donde el dibujo, la escultura y la animación conviven en un espacio que parece construido desde adentro hacia afuera. Un lugar extraño, lleno de criaturas y preguntas, donde la ilustración demuestra que puede ser tan turbadora y necesaria como cualquier otra forma de arte.
La ilustradora valenciana inaugura en Madrid su primera gran exposición institucional con más de un centenar de obras creadas específicamente para este proyecto
Wunderkammer no es una retrospectiva ni un repaso ordenado a una carrera brillante. Es algo más difícil de clasificar y, por eso mismo, más interesante.
Hay exposiciones que se visitan y exposiciones en las que uno se pierde. La de Ana Juan en CentroCentro pertenece claramente a la segunda categoría. Cuando el ascensor te deja en la quinta planta del Palacio de Cibeles y entras en Wunderkammer, la sensación no es exactamente la de llegar a una sala de arte. Es más parecida a la de adentrarse en la cabeza de alguien: desordenada, inquietante, llena de criaturas que te miran desde los márgenes.

Que esta sea la primera gran exposición institucional en Madrid de Ana Juan resulta, mirándolo en perspectiva, casi una anomalía. Nacida en Valencia en 1961 y licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, Juan lleva más de cuatro décadas construyendo una de las carreras más singulares y reconocibles de la ilustración española. Hace más de cuarenta años que no ha cesado de ilustrar portadas de libros, carteles y campañas publicitarias, y lleva cerca de una veintena de cubiertas para The New Yorker, entre ellas Solidarité, en homenaje a las víctimas del atentado de Charlie Hebdo. Ha trabajado para editoriales norteamericanas y japonesas de primer nivel como Scholastic Press, Simon & Schuster, Random House y Kodansha. Y aun así, Madrid no le había dedicado nunca una muestra de este calibre.

CentroCentro lo ha remediado con generosidad. La exposición reúne más de cien piezas, en su mayoría creadas a lo largo del último año, y propone al visitante sumergirse en un universo iconográfico de seres y figuras imaginarias que, en esta ocasión, parecen cobrar vida y salen del papel hacia nuevos formatos como la escultura o la animación. Todo ello comisariado por Inmaculada Corcho, directora del Museo ABC de Dibujo e Ilustración, que conoce bien el territorio.
Lo que llama la atención desde el principio es que Juan ha rechazado la comodidad de la retrospectiva. Wunderkammer no es un repaso a su trayectoria, sino un proyecto nuevo, creado y producido para CentroCentro, en el que traspasa su dilatada carrera como ilustradora para configurar su propio universo, su manera personal de entender el mundo, tratando de poner orden en la caótica realidad en la que estamos sumidos. Gesto valioso, y también arriesgado.

La exposición se articula en torno a seis enunciados: Caos, sobre la imposibilidad de discernir la verdad de la mentira; La huella del caos, donde el cuerpo se entiende como archivo de lo vivido; Historias, donde cada obra comienza una narración que el visitante debe completar; Todo y parte, reflexión sobre la individualidad y lo colectivo; Dibujar el mundo, guiño a la propia trayectoria de Juan como creadora; y El dibujo, lenguaje central sobre el que pivota toda la muestra. No es una estructura rígida; más bien parece un mapa de un territorio que se va descubriendo mientras se camina.
La artista anima al visitante a cuestionar todo lo que ve y dejarse llevar por sus propias sensaciones para discernir qué es lo real. Por eso, en la muestra apenas encontraremos cartelas con información sobre las obras: solo algunos breves textos sobre lo que significa dibujar para Ana. Decisión que puede desconcertar a quien busque explicaciones, pero que tiene una lógica interna: estas imágenes no quieren ser descifradas, quieren ser habitadas.

El dibujo, hecho con grafito sobre papel a la manera más clásica, es el punto de partida. A partir de él, Juan investiga y desarrolla nuevas líneas que desembocan en la escultura o la animación, ofreciendo así un escenario perfecto para observar el virtuosismo plástico y la viveza expresiva de unas obras que, partiendo de procedimientos tradicionales, derivan en lenguajes plásticos de actualidad. Hay algo muy honesto en ese recorrido: la artista muestra su proceso, no solo su resultado.
Entre sus trabajos más reconocidos fuera de España destaca una portada para The New Yorker en homenaje a las víctimas del atentado al semanario francés Charlie Hebdo. En 2010 recibió el Premio Nacional de Ilustración, otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Con esa trayectoria a sus espaldas, podría haber optado por una muestra cómoda y celebratoria. No lo ha hecho.

En sus propias palabras, Juan ha intentado ser honesta consigo misma y, para bien o para mal, desarrollar su trabajo hasta llegar a tener un lenguaje propio, una voz que la hace reconocible y la diferencia del resto. En Wunderkammer esa voz suena con una claridad poco habitual. Y resulta incómoda en el mejor sentido posible.
La exposición puede visitarse gratuitamente en la quinta planta de CentroCentro hasta el 3 de mayo. Se organizan también visitas guiadas con la propia artista y la comisaria Inmaculada Corcho, con aforo muy limitado e inscripción previa. Intenta conseguir plaza porque la experiencia lo merece.
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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