Setenta años después de revolucionar la fotografía, el mítico libro de Robert Frank vuelve en forma de exposición a zarandear al visitante desde el Espacio Fundación Telefónica. Sus 83 imágenes siguen cuestionando el relato de Estados Unidos y dejan claro por qué cambiaron para siempre la historia de la fotografía. La exposición puede visitarse hasta el 1 de noviembre.
El extranjero que descubrió otra «América»
No hay duda
“Los Americanos” es uno de los libros más importantes de la historia de la fotografía. Robert Frank construyó una obra que nunca dejó de hacerse preguntas sobre un país y que, décadas después, continúa invitándonos a responder. Parece que no pasa en tiempo.
Cuando Robert Frank llegó a Estados Unidos en 1947 lo hizo fascinado por la idea de un país abierto, moderno y lleno de oportunidades. Había nacido en Zúrich en 1924, en el seno de una familia judía, y la Europa de la posguerra configuraba su manera de entender el mundo.
Aquel joven fotógrafo encontró trabajo en Nueva York y comenzó a abrirse camino hasta conseguir dos becas Guggenheim que cambiarían su vida. Y con Walker Evans como avalista. Parecía que su destino era convertirse en un referente mundial de la fotografía.
Entre 1955 y 1957 recorrió en su viejo coche más de 16.000 kilómetros por carreteras secundarias, pueblos y grandes ciudades estadounidenses.
Buscaba personas y sobre todo, buscaba aquello que se situaba en los márgenes de los discursos oficiales.
De aquel viaje surgieron cerca de 28.000 fotografías.
Solo ochenta y tres terminarían formando parte de “The Americans”, publicado por primera vez en París en 1958 y un año más tarde en Estados Unidos con un prólogo de Jack Kerouac que merece la pena leer antes de ver la primera fotografía. No se lo salten. Y si, han leído bien, París. Después de ver el trabajo, el Guggenheim se negó a publicarlo por considerarlo “antiamericano”.
Hoy está considerado el fotolibro más influyente del siglo XX y muchos esperamos a una reedición para hacernos con un ejemplar.

Mucho más que ochenta y tres fotografías
Uno de los grandes aciertos de la exposición es permitir recorrer el libro caminando entre fotos, pero empezar con las hojas de contacto es toda una experiencia religiosa para los que amamos observar desde cerca las decisiones.
No estamos ante una selección de imágenes célebres porque nunca lo fueron ni lo pretendieron. Los americanos es un relato, una historia de imágenes. Es para “leerlo” en papel ya que tiene una edición secuencial. Y eso se pierde. Nos perdemos ese momento de pasar página a página y comprobar en nuestras carnes el efecto Kuleshov, que provoca en nuestra mente un código predispuesto para entender la siguiente imagen. No tenemos los silencios de la hoja en blanco. A cambio, ganamos disfrutando las obras en su dimensión estética y técnica.
Están las ochenta y tres fotografías que Robert Frank decidió que explicaban su mensaje. Y podemos aprender de su maestría a la hora de utilizar metáforas como la bandera estadounidense, las carreteras infinitas, los automóviles, los escaparates, los cafés, los ascensores, las iglesias, los funerales, los desfiles o los jukebox.
Todo es parte de una narración visual donde el verdadero protagonista no aparece fotografiado directamente, porque es un país entero.
La fotografía dejó atrás la perfección
Es imposible entender la fotografía contemporánea sin Robert Frank.
Hasta entonces predominaba una fotografía documental de composición impecable, técnicamente precisa y muy influida por «instante decisivo» que divinizó a Cartier Bresson.
Pero Frank no quiso saber nada de eso.
Sus fotografías, inclinadas, desenfocadas, cortadas, atravesadas por reflejos o envueltas en sombras, era “feas” y “raras”. De dudosa calidad.
Después de él loque durante años se había considerado un error pasó a convertirse en un nuevo lenguaje.
No hay perfección en Frank, pero si honestidad.
Y esa manera de contar lo que veía transformó para siempre la fotografía documental.
Sin Los Americanos no existirían Garry Winogrand, Lee Friedlander, Joel Meyerowitz, Stephen Shore, Nan Goldin o Alec Soth. También influyó en cine independiente y en la edición del fotolibro contemporáneo.
Hay un antes y un después de Robert Frank. Y llamenme visionaria en vez de exagerada,por favor, pero estoy convencida de que si la IA lo permite, en el futuro la fotografía incorporará este sistema de datación, aRF y dRF. Aquí quedó escrito para futuras risas.
Lo que me parece un enorme acierto es incorporar las hojas de contacto ampliadas en cajas de luz, un tesoro que me resulta más interesante que las propias fotografías elegidas. Saber qué dejó fuera.
Conocer cómo trabajaba una misma escena, qué imágenes descartaba y cuáles terminaban sobreviviendo para seguir la historia. Es más, jueguen durante unos minutos a convertirse en editores de Robert Frank. Elijan qué fotografía habrían publicado ustedes y, solo después, siguiendo la visita podrán descubrir cuál seleccionó él. El resultado suele sorprender. Donde uno tiende a buscar una imagen más armónica, Frank encontraba otra una tensión, un gesto o una emoción que terminaban dando sentido su relato. Yo lo hice y me encantó acertar y no acertar.

Un país contado desde sus grietas
Robert Frank fotografió aquello que el sueño americano prefería no mirar.
La segregación racial aparece con naturalidad en escenas cotidianas. También la soledad, las diferencias sociales, el peso de los símbolos patrióticos, el consumo o la sensación de aislamiento en medio de una sociedad aparentemente próspera pero que aislaba al individuo y lo sometía a la prioridad nacional. ¿Nos suena?
No necesitó presenciar grandes acontecimientos.
Un tranvía. Una gasolinera. Un desfile.Una cafetería de carretera. Imágenes que aparentemente no cuentan nada extraordinario hablan a gritos de una realidad que avergüenza.

¿Qué nos sigue diciendo en 2026?
Mientras avanzaba por la amplia sala me resultaba imposible no pensar en muchas de aquellas fotografías como parte de un telediario actual.
Estados Unidos no es el mismo país que recorrió Frank.
Sin embargo, muchos de los temas que ocupan sus fotografías siguen vigentes en el centro del debate contemporáneo: la identidad nacional, las fracturas sociales, el racismo, el peso de los símbolos, la construcción del patriotismo o la distancia entre el relato oficial y la vida cotidiana.
Además seguimos necesitando mirar Los Americanos porque está claro que no nos habla únicamente de Estados Unidos.
Muchas de las fotografías que veremos son antecedentes de las obras de otros grandes maestros, como Richard Avedon y su In the American West que también puede disfrutarse este verano en Madrid.
Salgo de la sala con una frase: Desconfía de los relatos demasiado perfectos. Y una promesa: Poner más atención, la preciada atención que hoy se vende por likes, en todo lo que hable en clave baja.
Más información: en la página de la fundación
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com
Sección Cultura · Gastronomía y Moda


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