Cultura

Donna Huanca: el cuerpo como atmósfera en el CAAC

La artista estadounidense de origen boliviano transforma la Capilla de Afuera en un dispositivo sensorial donde pintura, materia y ritual se entrelazan en MINA DE AURA, comisariada por Jimena Blázquez Abascal.

En la recta final de su exhibición —hasta el 5 de abril—, MINA DE AURA confirma a Donna Huanca como una de las voces más singulares de la escena internacional. Su práctica, basada en la instalación total y en el uso del cuerpo como superficie pictórica, despliega en el CAAC un entorno inmersivo donde lo andino, lo contemporáneo y lo sensorial conviven en tensión. Más que una obra cerrada, la propuesta funciona como un fragmento de una investigación en curso que invita a seguir la pista de una artista en pleno desarrollo.

Al entrar en la Capilla de Afuera del CAAC se percibe de inmediato que algo está ocurriendo, aunque no sea fácil nombrarlo. No es solo una exposición ni tampoco una instalación al uso: es más bien un estado en transformación. Donna Huanca (Chicago, 1980), artista estadounidense de origen boliviano, trabaja precisamente desde ahí, desde ese lugar donde las categorías se disuelven y el espacio se convierte en un cuerpo activo.

Comisariada por Jimena Blázquez Abascal, MINA DE AURA activa la arquitectura sin imponerse sobre ella. Huanca, que ha desarrollado una práctica centrada en la instalación total, articula aquí pintura, escultura, olor y performance como un único sistema. Su interés por el cuerpo como superficie pictórica —visible en sus procesos con performers— se traduce en una atmósfera donde todo parece estar en contacto: la materia, la memoria y la percepción.

Hay una lectura de fondo que atraviesa la propuesta, vinculada a su biografía y a ese cruce entre lo andino y lo occidental. No aparece de forma explícita, sino filtrada en los materiales, en los ritmos, en cierta idea de lo ritual entendida como experiencia más que como representación. El cuerpo, entendido como lugar político y simbólico, sigue siendo el eje, aunque aquí se expande hacia el espacio.

La instalación no busca cerrarse. Funciona más bien como un fragmento dentro de una investigación mayor que Huanca viene desarrollando en instituciones internacionales y que se despliega de forma distinta en cada contexto. Eso se percibe: hay algo en suspensión, en proceso.

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Quizá por eso la sensación al salir es clara: no basta con esta pieza. Hay ganas de seguir viendo, de entender cómo evoluciona este lenguaje en otros lugares.

Conviene no dejarlo pasar: estamos en los últimos días y la exposición termina el 5 de abril. Después, quedará esa impresión persistente de haber llegado justo a tiempo.

Fotografías: cristinagala_  (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

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