El Teatro de la Maestranza acogió el estreno de Bolero de Blanco y Negro, la última creación del bailaor y coreógrafo Israel Galván dentro del marco de la XXIII Bienal de Flamenco de Sevilla. Ideada conjuntamente con el pianista Andrea Rebaudengo, la propuesta toma como eje vertebrador la obra de Maurice Ravel para realizar una relectura conceptual que prescinde de la orquestación tradicional y traslada la densidad sonora a dos pianos y al trabajo rítmico del bailaor.
La representación puso de manifiesto el sello característico del artista sevillano, cuya continua investigación en torno a los códigos del flamenco y la música clásica contemporánea volvió a ser el centro de atención de la jornada en el coliseo hispalense.
Estructura musical y repertorio
Aunque la composición que da título al espectáculo constituye el punto culminante de la función, la obra abarca un repertorio más amplio del compositor francés. El programa incluye piezas como la Pavana para una infanta difunta, interpretada en formato de solo pianístico por Andrea Rebaudengo, así como pasajes de Gaspard de la nuit.
El soporte instrumental recae en Rebaudengo y en el pianista Gerard Bouwhuis. Su ejecución conjunta sustituye la paleta tímbrica de la gran orquesta por un enfoque centrado en el pulso, la repetición y la acumulación rítmica constante.

Lenguaje escénico y deconstrucción del baile
En el plano performativo, Galván integra recursos del flamenco conceptual, la performance y matices de humor sutil. Su interpretación se desmarca de las estructuras del baile flamenco convencional para adentrarse en la percusión corporal y el uso de objetos cotidianos (como taburetes, mesas y superficies metálicas) a modo de instrumentos rítmicos.
Asimismo, la pieza destaca por un trabajo de suelo y desplazamiento que alterna el zapateado con pasajes de silencio, caídas sobre el escenario y secuencias de movimiento desacelerado. La propuesta se completa con la interacción física del bailaor con la estructura de los pianos de cola para generar frecuencias acústicas complementarias.
El montaje alcanza su cierre con la interpretación del Bolero de Ravel, en la que el conocido patrón ostinato de la pieza es llevado a un proceso de aceleración y tensión progresiva. La escenografía y la iluminación apuestan por un diseño minimalista basado en el contraste cromático del blanco y el negro, subrayando la sobriedad visual de la producción
Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com
Fotografías: cristinagala_ (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

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