Cultura

Otra noche con pellizco de José Mercé en la Bienal de flamenco de Sevilla

El flamenco volvió a ocupar el escenario del Teatro de la Maestranza este domingo con una de las citas más esperadas de la Bienal. José Mercé presentó Toquen a rebato, un espectáculo construido sobre una premisa sencilla y exigente: voz y guitarra, sin más andamiaje.

José Mercé volvió anoche al Teatro de la Maestranza para regalar una velada dedicada a los palos esenciales del flamenco.

Le acompañaron tres guitarristas de la nueva generación flamenca (David de Arahal, José del Tomate y Manuel Cerpa), que se fueron alternando en el escenario a lo largo del recital. La elección no es casual. La propuesta de la Bienal plantea este encuentro como continuación de la noche de 2016 en la que el cantaor jerezano cerró aquella edición junto a Tomatito, Pepe Habichuela y Alfredo Lagos. Una década después, el esquema se repite con los nombres que están tomando el relevo del toque.

Una declaración de principios desde el primer cante

Mercé se dirigió al público antes de empezar para dejar clara su posición. Dijo sentirse en casa cada vez que actúa en Sevilla y recordó su condición de Hijo Predilecto de Andalucía, distinción que le fue concedida por la Junta de Andalucía. También anticipó el tono de la noche: quería una velada estrictamente flamenca junto a sus tres guitarras.

Cumplió el programa. El repertorio se apoyó en los palos que han vertebrado su carrera, con la bulería por soleá como una de las piezas que más respuesta obtuvo del patio de butacas. Hubo también seguiriya y bulerías, y un recorrido geográfico que el propio cantaor fue verbalizando entre cante y cante: primero la parada en Cádiz, después el regreso a Jerez, su ciudad y el origen de buena parte de su repertorio.

En ese trayecto, Mercé reivindicó de forma explícita el flamenco puro y de raíz. Su argumento sobre las tablas fue directo: lo que él lleva a los escenarios es flamenco, sin adaptaciones ni atajos hacia otros géneros. La afirmación cobra sentido en la trayectoria de un artista que ha protagonizado algunos de los cruces más comerciales del género y que, sin embargo, reivindica la ortodoxia cuando el escenario se lo permite.

El baile como remate

Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó cuando el cantaor abandonó la silla para marcar unos pasos. Fue una intervención breve que funcionó como cierre físico de lo que la voz había planteado. El teatro respondió con una de las ovaciones más largas del concierto.

A medida que avanzaba el recital, todo el mundo se encontraba a gusto. Olés  y palmas crecieron en intensidad, hasta se estableció cierta conversación con el patio de butacas.

La frase que resume la noche

El pasaje más comentado a la salida del teatro no fue un quejío ni una falseta, sino una reflexión del propio Mercé sobre el oficio de estar a ambos lados del escenario. Sostuvo que escuchar resulta más difícil que cantar, y añadió que el público que tenía delante sabía hacerlo.

La observación funcionó como elogio y como diagnóstico. El Maestranza, efectivamente, escuchó: el silencio se mantuvo íntegro durante los cantes largos y solo se rompió donde el compás lo pedía. E.

El concierto se cerró con el público en pie. La Bienal suma así una de esas noches que suelen citarse cuando se hace balance de la edición.

Cristina Gala – cultura@gastronomiaymoda.com

Fotografías: cristinagala_  (Imágenes con derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización expresa de la autora).

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